Coincidiendo con el cuarto aniversario de la aprobación de la Ley 840, mediante la cual el régimen orteguista ha entregado parte del territorio de Nicaragua y la soberanía nacional a la empresa china de Wang Jing, HKND Group, para que supuestamente construya un canal interoceánico en Nicaragua, el Gobierno de Panamá rompió relaciones diplomáticas con Taiwán y las estableció con China comunista.
La televisión alemana internacional, Deutsche Welle, al reportar esta noticia advirtió que puede ser el fin del proyecto canalero en Nicaragua, ya que China no podría construir ni apoyar la construcción de una ruta comercial interoceánica que haga competencia al Canal de Panamá, del cual el gigante asiático es el segundo usuario principal.
Panamá inició relaciones diplomáticas con Taiwán en 1949 y desde que este pequeño país asiático se convirtió en una gran potencia económica internacional, los gobernantes panameños le sacaron mucho provecho. Solo el año pasado Taiwán regaló al gobierno de Panamá 16 millones de dólares y este año la donación aumentó a 25 millones.
Pero la ruptura de relaciones diplomáticas por iniciativa del gobierno de Panamá, era inminente. Ya en 2006, cuando se aprobó —mediante un referendo popular— la ampliación del Canal de Panamá, el gobierno del entonces presidente Ernesto Pérez Balladares quiso establecer relaciones diplomáticas con China y dejarlas con Taiwán solo a nivel comercial. Sin embargo, por alguna razón no reconocida se pospuso esa decisión.
Ahora bien, la suposición de Deutsche Welle de que el establecimiento de relaciones diplomáticas de Panamá con China puede significar el fin del proyecto del canal interoceánico en Nicaragua, tiene sentido. Expertos internacionales en comercio marítimo, construcción de megainfraestructuras y geopolítica mundial, siempre han sostenido que la construcción de un canal interoceánico en Nicaragua —con un valor estimado de 50 mil millones de dólares, o más—, solo podría ser posible si el gobierno de China estuviera involucrado y lo financiara, ya sea de manera directa o tras bastidores.
Pero al parecer el verdadero objetivo de Wang Jing y Daniel Ortega no es el Canal Interoceánico, sino los proyectos complementarios y mucho más factibles de diversas obras comerciales, turísticas y de infraestructuras, que serían realmente su gran negocio. Aunque la verdad es que tampoco esos proyectos dan muestras de arrancar. En la última visita que hicimos —este martes— al portal electrónico de la empresa de Wang Jing, las únicas novedades que encontramos fueron las de que ha apoyado un festival de canto operático promovido por uno de los hijos de Daniel Ortega y una caminata ecológica.
En todo caso, el cuarto aniversario de la aprobación de la Ley 840, que ha sido bien calificada como una “ley vende patria”, es oportuno para reconocer el esfuerzo de los 25 diputados opositores que la rechazaron en la Asamblea Nacional; y sobre todo rendir homenaje a los campesinos que desde entonces luchan sin tregua por su derogación.