La deserción de los Estados Unidos (EE. UU.) del Acuerdo de París sobre el calentamiento global ha causado una conmoción mundial. La expresión más dramática de esta conmoción ha sido la del presidente de Francia, Emmanuel Macron, quien denunció que EE.UU. “ha dado la espalda al mundo”.
Cuando el Acuerdo de París fue aprobado, en diciembre de 2015, el representante del Gobierno de Nicaragua no quiso firmarlo. Sin embargo eso no le causó ninguna preocupación a nadie, porque Nicaragua, a pesar de estar gobernada por un régimen depredador del medioambiente, es un país pequeño y atrasado que contribuye muy poco a la emisión general de gases contaminantes.
EE. UU. en cambio es el primer contaminador en el mundo. Por tanto es comprensible la consternación mundial que ha provocado su retiro del Acuerdo de París, cuyo objetivo es precisamente reducir esa emisión gaseosa letal que es la principal causante del calentamiento global y las calamidades naturales que lo acompañan.
Los motivos de Daniel Ortega y Donald Trump para estar contra el Acuerdo de París son absolutamente opuestos, pero una vez más queda demostrado que los extremos se juntan. Ortega rechazó el Acuerdo de París porque dijo que le exige muy poco a las grandes potencias contaminantes, como EE. UU. y asigna escasos recursos económico a los países pobres como Nicaragua. Por su parte, Trump saca a los EE. UU. del acuerdo parisino porque dice que le exige mucho a su país y demasiado dinero obliga a distribuir para financiarlo.
El presidente Trump se apoya en el criterio de algunos científicos, minoritarios, quienes sostienen que se exagera la amenaza del calentamiento global, que este es un fenómeno natural cíclico que tiene lugar cada cierto tiempo y depende muy poco de la actividad humana.
Pero los científicos ambientalistas opinan que es la actividad humana irresponsable la principal causante del calentamiento global, el cual se percibe físicamente con el aumento de temperatura cada año y la sistemática sucesión de fenómenos meteorológicos catastróficos en todas partes del mundo, incluyendo el deshielo de los casquetes polares.
“Las emisiones de gases contaminantes —dice Alieto Aldo Guadagni, miembro de la Academia Argentina de Ciencias del Ambiente—, están incrementando la temperatura, por lo cual los últimos años son los más calurosos desde que se llevan registros (año 1880). El consenso científico explica este aumento de la temperatura —con graves daños ambientales en muchas regiones del planeta— por el efecto nocivo de los gases de efecto invernadero provocados por los combustibles fósiles (carbón, petróleo y gas), fenómeno agravado por la deforestación y algunas prácticas agrícolas”.
Según los pronósticos científicos dentro de 20 años la emisión de gases contaminantes será 13 por ciento más que hoy. Sin embargo para evitar que la temperatura global suba 2 grados, se necesita que en ese lapso se reduzca la emisión de gases en un 30 por ciento. Lo cual es muy difícil de lograr y peor con actitudes como la de los gobernantes de Nicaragua y EE.UU., que están condenando a la humanidad a la catástrofe.