Hoy se lleva a cabo la Vigésimo Novena Reunión de Consulta de Ministros de Relaciones Exteriores de los Estados Miembros de la OEA, para examinar la crisis que vive Venezuela y tratar de hacer algo por su solución.
En la víspera de esta reunión, veinte expresidentes democráticos de América Latina y España enviaron a los cancilleres un mensaje, diciéndoles que “la Organización de los Estados Americanos (OEA) tiene el deber de dar un paso adelante en la defensa de los principios de la Carta Democrática Interamericana y adoptar las medidas que, con fundamento en esta, respalden el llamado del pueblo venezolano a recuperar su soberanía mediante la realización de elecciones generales con plenas garantías, a liberar a los presos políticos, a responder efectivamente a la crisis humanitaria y a respetar la independencia de poderes. De no hacerlo —dicen los exmandatarios— la historia nos hará responsables de una tragedia que resulta inaceptable para todo sentido de humanidad”.
Ciertamente, la OEA tiene una gran oportunidad de ayudar a Venezuela a salir de la profunda y violenta crisis integral que está sufriendo actualmente. Esta no sería la primera vez que se pronuncie contra una dictadura y actúe en defensa de un pueblo oprimido y reprimido.
En agosto de 1960, la VI Reunión de Consulta de los Cancilleres de la OEA condenó a la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo, de República Dominicana. Todos los países miembros rompieron relaciones diplomáticas con Trujillo y le impusieron un bloqueo económico de castigo.
Más importante para Nicaragua fue la resolución de la XVII Reunión de Consulta de los Cancilleres de la OEA, en junio de 1979, que exigió la renuncia inmediata del presidente Anastasio Somoza Debayle y respaldó la instalación de la junta de gobierno provisional, que había formado el FSLN para sustituir al dictador.
Cabe recordar que en esa ocasión Estados Unidos propuso que se ampliara la junta de gobierno provisional con más representantes del sector democrático antisomocista, a fin de que los sandinistas no tuvieran mayoría pues podían conducir al nuevo gobierno de Nicaragua hacia una dictadura comunista, como ocurrió en Cuba en 1959. Pero la mayoría de cancilleres rechazó la propuesta estadounidense y el resultado fue que la dictadura somocista cayó, pero al poco tiempo el régimen sandinista tomó el escabroso camino del totalitarismo procomunista.
Ahora en Venezuela la dictadura bolivariana está masacrando a los venezolanos que reclaman en las calles libertad, democracia, justicia, pan y medicinas. En estas circunstancias, los gobiernos democráticos miembros de la OEA tienen la obligación de ayudar a ese heroico pueblo, por lo menos rompiendo relaciones con la dictadura de Nicolás Maduro. Ojalá se atrevan a hacerlo. De otra manera, como dicen los expresidentes iberoamericanos, serían responsables de la tragedia que ocurra en ese país.