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La Prensa

¿Habrá ahora por quién votar?

El viernes 5 de mayo el Consejo Supremo Electoral (CSE) convocó oficialmente a las elecciones municipales que tendrán lugar el domingo 5 de noviembre próximo. La convocatoria fue anticipada un día antes por el operador político de Daniel Ortega en la Asamblea Nacional, diputado Edwin Castro, con la clara intención de demostrar quién manda realmente en Nicaragua.

El país ha entrado, pues, a la etapa de precampaña electoral con la expectativa de qué  podrá hacer la OEA para  que las elecciones municipales sean aceptables. Con la firma de su   memorándum  de entendimiento con Daniel Ortega, el 28 de febrero de este año, el secretario general de la OEA, Luis Almagro, asumió la responsabilidad de garantizar a los nicaragüenses  que estos comicios municipales serán justos y transparentes. Y tiene que responder a semejante responsabilidad.

Almagro también se comprometió —de hecho— a lograr que los ciudadanos  que se abstuvieron masivamente en la farsa electoral de noviembre del año pasado, recuperen la confianza en el sistema electoral y crean que en las próximas municipales tendrán por qué y por quien votar y que sus votos serán respetados y servirán para elegir.

La responsabilidad  asumida por el secretario general de la OEA es enorme. Almagro está empeñando su prestigio político y  diplomático en el esfuerzo por legitimar estas elecciones  municipales, esperando tal vez que resulte algo bueno o cuando menos aceptable. Pero se trata de una  tarea  quizás improbable, porque el sistema electoral de Nicaragua está   pervertido. El CSE no es un órgano idóneo para  garantizar elecciones transparentes. Por el contrario, es un aparato sin prestigio que funciona con el fin exclusivo de hacer fraudes electorales para que Daniel Ortega se afiance y perdure en el poder.

Por otra parte, la labor de Almagro y su equipo de expertos en Nicaragua ha sido  secreta,  como si se tratara de  una operación conspirativa o del interés privado de los negociadores. Podría ser que  el secretismo en el esfuerzo por recuperar algo de tanto interés  público como es la transparencia electoral,  sea  conveniente diplomáticamente para que la OEA pueda  sacar resultados positivos de su compleja misión en Nicaragua. Pero aunque así fuese,  no deja de ser sospechoso.

Además, el comportamiento de Daniel Ortega desde que firmó el memorándum de entendimiento con Almagro no es de alguien  que está dispuesto a consensuar una apertura democrática.

La represión al  movimiento campesino que se opone al canal,  para impedir que realizara una  marcha  nacional en Juigalpa, fue una clara muestra de que Ortega no tiene flexibilidad ni  voluntad aperturista. Y en el ámbito propiamente electoral, solo que se hicieran  las reformas básicas  planteadas por el partido de la oposición que puede participar en las elecciones,  Ciudadanos por la Libertad, se podría confiar en las elecciones  de noviembre. Pero en la convocatoria y el reglamento electoral para las votaciones  de noviembre ni siquiera se menciona la observación o acompañamiento electoral de la OEA.

COMENTARIOS

  1. Edmund Dantes
    Hace 9 años

    Encomiosamente quisieran que todos nosotros los que habitamos este país: De una vez por todas dejemos de seguir esperando que alguien extranjero nos venga a resolver lo que nos toca a nosotros resolver. Llevamos más que suficientes años dando círculos y caminando hacia atrás. Nadie, léase nadie, y re-léase nadie, le quiere seguir ayudando a un país donde su misma población no hace un carajo para organizarse y defenderse.

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