La educación técnica ha venido repuntando en los últimos años en Nicaragua, como una forma de desarrollo socioeconómico, necesario para el país, pero además como una herramienta importante para ir creciendo y separarnos de los bajos niveles de educación existentes en el país. Tecnificar a jóvenes que optan por dejar el bachillerato de un lado es una buena noticia.
Según datos de Funides (2016), el Inatec, se replanteó la estrategia para captar mayor número de nicaragüenses que estudien en uno de los 43 centros técnicos con los que contamos en el país. Eso ha dado un buen resultado en el crecimiento de la matrícula y ayuda a la gran demanda de técnicos que existe en el país por parte de empresas privadas y públicas, que más allá de buscar profesionales universitarios, tienen altos déficits en llenar plazas laborales que requieren de competencias y conocimientos técnicos especializados.
Sin embargo, hoy en día, aun las especialidades ofrecidas no terminan de satisfacer las necesidades de las empresas. Esto dificulta el acceso pleno a puestos laborales, de parte de los técnicos existentes. Pero eso se puede facilitar y solucionar…
Con un diálogo abierto entre el Inatec, los centros de estudios técnicos y las empresas que demandan la mano de obra especializada, para poder encontrar la conexión necesaria y favorecer un ambiente donde todos ganan. Los centros técnicos deben escuchar la demanda de especialidades y laborales que tienen las empresas, para reorientar la oferta académica y las técnicas de enseñanza/aprendizaje. Articulando esas diferencias, la correspondencia entre oferta y demanda, daría mayor solidez a las necesidades de desarrollo socioeconómico del país.
De esa forma las empresas obtienen jóvenes técnicos focalizados en sus áreas de trabajo, con ellos son más rentables y productivas; el Gobierno por medio del Inatec, apoya a las empresas y a los jóvenes, a desarrollarse y los jóvenes salen graduados de técnicos con más certeza de encontrar trabajos en sus áreas de estudio, con ello se sienten más motivados y trabajan con mayor ahínco para lograr sus objetivos profesionales.
Ese trío, trabajando de esa forma, daría al país mayor y mejor empleo en condiciones favorables, y propiciaría el continuo proceso de aprendizaje, en las aulas de clase y fuera de ellas. Por eso, la importancia de que los institutos técnicos tengan mayor acogida gubernamental y empresarial.
Definitivamente, la educación técnica focalizada en temas específicos, impactará de manera positiva en la competitividad de Nicaragua y abre las puertas a potencializar el desarrollo humano sostenible. Hablamos entonces de que existirá un futuro próspero para los jóvenes técnicos, para las empresas y del país, al unificar esfuerzos públicos y privados, en pro de una mejor educación.
El autor es docente universitario.