Los gobiernos de 11 países latinoamericanos, entre ellos los más grandes de la región como son Brasil, México y Argentina, demandan al régimen de Venezuela que no reprima la gran manifestación opositora convocada para hoy miércoles, mientras que a los dirigentes opositores les piden ejercer con responsabilidad ese derecho constitucional.
Esa inusual declaración se explica por el temor que hay en la comunidad democrática latinoamericana, de que la marcha de hoy de la oposición venezolana sea reprimida con un baño de sangre por la dictadura de Nicolás Maduro.
En el mismo sentido se pronunciaron también 21 expresidentes iberoamericanos, incluyendo a uno de España, que forman parte de la denominada Iniciativa Democrática de España y las Américas (IDEA).
“Elevamos nuestra voz en un mensaje de alerta a la comunidad internacional, ante los graves hechos que las autoridades gubernamentales de Venezuela puedan provocar”, expresan los expresidentes iberoamericanos, entre los cuales, hay que decirlo con vergüenza, no hay nadie de Nicaragua.
Según los dirigentes de la oposición venezolana, la manifestación de hoy será la más grande de toda la historia de Venezuela. Y aseguran que solo abandonarán las calles cuando el gobierno dictatorial de Nicolás Maduro restablezca el orden constitucional, para lo cual es indispensable el cumplimiento de cuatro medidas esenciales:
Primero, fijar un cronograma para la realización de elecciones; segundo, devolver las funciones constitucionales de la Asamblea Nacional; tercero, poner fin a las inhabilitaciones políticas de los líderes de la oposición; y cuarto, desarmar y disolver las bandas paramilitares que utiliza el régimen como criminal fuerza de choque represiva contra las manifestaciones opositoras.
La oposición venezolana no está llamando a derrocar al gobierno de Maduro, sin embargo este amenaza con la represión militar y paramilitar y por eso en la comunidad democrática internacional existe el temor de que pueda ocurrir allí un baño de sangre, hoy o en los días siguientes.
En la historia de Venezuela, todas las dictaduras —como la actual de Nicolás Maduro— solo han dejado el poder por medio de la violencia, después de sangrientas represiones y con la intervención final de las fuerzas armadas.
La oposición venezolana no quiere una salida como esa de la dictadura chavista. Pero en última instancia esto no depende de la dirigencia opositora ni del pueblo que con todo derecho reclama justicia y democracia. Depende del mismo régimen de Nicolás Maduro.
Como han dicho los expresidentes democráticos de Iberoamérica en su declaración de ayer sobre Venezuela: “Es cada vez más claro que frente al colapso del régimen la única forma de sostenerse en el poder es mediante el recrudecimiento de la represión. Por ello, pedimos a la prensa internacional, los organismos de protección de derechos humanos, y a las instancias judiciales internacionales pertinentes mantenerse vigilantes de lo que va a acontecer”.
Ojalá que Maduro entrara en razón, que atienda las demandas opositoras y se abstenga de tratar de ahogar en sangre la protesta del desesperado pueblo venezolano: un clamor que no solo es político, es también de elemental sobrevivencia.