A Alfredo Pérez Canelo le encanta leer. Una virtud tal vez heredada de su padre, Gustavo Pérez, un contador a quien también le apasionaba este ejercicio. La afición de Alfredo por las letras se puede sentir en la sala de su casa, ubicada en Niquinohomo, Masaya, donde tiene colecciones de diferentes revistas.
Entre ellas destaca una colección en particular, porque tiene completas todas las que han sido publicadas: la Revista Domingo de LA PRENSA. Son 500 ediciones en 10 años, desde que el diario la publicó por primera vez en junio del 2007, y Alfredo las tiene todas. A Alfredo le fascinó la última, la número 500, cuyo tema principal fue el Servicio Militar Patriótico, una edición especial conmemorativa que fue publicada en papel blanco y engrapada.
Cada tres meses, Alfredo junta todas las revistas Domingo que han sido publicadas, les unta pegamento en el fino lomo y las compacta golpeándolas. Para asegurarse de que quedarán bien unidas les hace un hoyo con un taladro y después las cose con un hilo fuerte. Luego las cubre con un papel blanco duro. En el lomo le escribe los meses que están empastados. El encolochado no le gustó porque a la hora de almacenar las revistas ocupaban mucho espacio en los anaqueles.
Cada domingo, explica Alfredo, espera con ansias el Diario LA PRENSA, dentro del cual viene inserta la Revista Domingo. Lo que más le gusta son los reportajes y las “entrevistas de calidad, especialmente si son de temas políticos”.
Si alguien se acerca para pedirle prestado un ejemplar, inmediatamente les dice que no. “Si quieren que la lean aquí, porque se las llevan y no las traen”, dice. A Alfredo ya le ha tocado tener que ir a Managua para reponer alguna revista que no regresó a sus manos.
Hoy jubilado, Alfredo cumplirá 64 años de edad el próximo 6 de abril. Lee LA PRENSA desde que tenía 20 años y a los 25 se convirtió en suscriptor. En los últimos años la membresía la pasó a nombre de su hijo menor Francisco Javier, de 31 años de edad. De los cuatro hijos que procreó con su esposa Rosa Haydée Pérez, Francisco Javier es el que salió más enamorado de las letras, igual que su padre y su abuelo. Los otros vástagos: Deysi, de 40; Alfonso, de 38 y Alfredo, de 36, también leen, pero menos.

“Un vicio”
Para Alfredo la lectura “ya es un vicio”. Lee de todo. En la biblioteca que tiene en la sala de su casa posee colecciones de otras revistas de LA PRENSA, como Magazine, Nosotras, La Prensa Literaria, entre otras, pero no tiene todas las ediciones completas de las mismas. Las de Domingo sí. Además, tiene coleccionados los libros que La Prensa promociona sobre historia, comida, tecnología, entre otros temas. Y también las enciclopedias.
En realidad, antes Alfredo compraba la mayoría de los periódicos que se publicaban en Nicaragua, pero ahora se ha quedado solo con LA PRENSA. El asiduo lector explica que antes botaba todos los periódicos que compraba, pero ahora no; los vende por libra para reciclaje.
También le encantan las Liahonas, una revista mensual que publica la iglesia a la que él asiste: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, o, en otras palabras, los mormones.
Cuando aún no era jubilado y tenía que trabajar todos los días, a Alfredo no le quedaba mucho tiempo para leer. Su esposa Rosa Haydée dice que diario se acostaba noche, leyendo. “Desde que lo conocí ha sido bien estudioso. Le gustaba hacer caricaturas y siempre andaba con un libro en la mano”, recuerda.
Y aunque Alfredo no tenía el tiempo suficiente para leer, ya coleccionaba el contenido del último día de la semana. Sabía que se iba a jubilar y tendría tiempo para leerlo todo. Hoy ya tiene casi cinco años jubilado, pero lo más importante, explica Alfredo, es que todas las colecciones que tiene las armó pensando en sus hijos, para que ellos también lean.

Los beneficios de leer
A pesar de la afición a la lectura, Alfredo no pudo coronar ninguna de las cuatro carreras que estudió: Arquitectura, Ingeniería Civil, Mercadotecnia y Contaduría.
Según Alfredo, nacido en Managua, después del terremoto de 1972 se trasladó a Niquinohomo porque su padre era de allí, y lo que ocurrió es que bastante joven “se robó” a su esposa y pronto se vio con hijos, con responsabilidades familiares que quiso asumir él por su propia cuenta y tuvo que trabajar bastante y no le dio tiempo para el estudio.
Eso sí, Alfredo se ha destacado en diversos puestos en los que ha salido triunfante, según él, gracias a la lectura. En los años ochenta fue uno de los primeros en administrar las tiendas populares, de suma importancia por el bloqueo económico impuesto por Estados Unidos. Luego trabajó en turismo como administrador del centro recreativo La Boquita, laboró también en varios supermercados y en una cervecería como administrador foráneo de los depósitos.
En 1996 Alfredo fue candidato a alcalde de Niquinohomo por el Partido Conservador, pero no ganó. En las últimas elecciones municipales sí ganó y ahora es concejal de Niquinohomo por el Partido Liberal Independiente (PLI). En esa función dice que solo gana 1,000 córdobas al mes y recibe una pensión de aproximadamente 8,000 córdobas. Para completar el sustento de su familia, Alfredo hace perchas y las comercializa.
El último trabajo fue en la Lotería Nacional, de donde salió cuando Daniel Ortega regresó al poder en enero de 2007. Poco después, en junio de ese año, comenzaría a coleccionar la revista Domingo.