Orlando J. Icaza Gallard

Partenogénesis y Humunculus

Apenas unos 1.2 billones de años el sexo no existía.

Nathaniel Wheelwright, un biólogo evolucionista del colegio de Bowdoin en Maine, EE.UU., dice que el primer tipo de reproducción que se desarrolló en los seres vivos fue la asexual.

Partenogénesis es una forma asexual de reproducción en la cual el crecimiento y desarrollo de un embrión ocurre sin fertilización.
Es, a como algunos la han llamado, una forma de incesto porque el ser vivo se reproduce él mismo.

Una célula se divide en dos originando otra con el mismo contenido de DNA de la que le dio origen. Una estaca de un árbol que contiene toda su carga genética se planta y nace otro árbol exactamente igual al anterior. Eterniza sus genes y por lo tanto todas sus características exteriores e interiores.

Se creía que esta forma de reproducción era exclusiva de los seres vivos inferiores en la escala evolutiva. Sin embargo, serendipitous observaciones han comprobado que algunos seres vivos más complejos también pueden reproducirse sin necesidad de sexo.
Recientemente tiburones hembras dieron a luz sin necesidad de tener un macho a su lado y sin intervención artificial de ningún tipo.

Este acontecimiento ha abierto de nuevo las posibilidades de que el ser humano pueda también hacer lo mismo.
Es lo que persigue la ciencia actualmente con el desarrollo de células pluripotenciales para crear otros órganos y hasta seres vivos completos.

Laboratorios ya han creado animales sin necesidad de fertilización (la oveja Dolly, 1996).
El 2 de agosto de 2007 el doctor Hwang Woosuk, de Corea del Sur, engañó al mundo afirmando que había creado un embrión humano  usando células madre. Parte resultó un fiasco que le costó la cárcel, pero algo de lo que dijo resultó cierto y aunque su objetivo final no se logró a como él falsamente lo afirmó, pavimentó un campo que ahora se está usando para crear órganos humanos que eventualmente van a salvar a miles de diabéticos, insuficientes renales, cardiacos y enfermos pulmonares en estado terminal y sin ninguna esperanza.

Lo único que hizo el doctor Woosuk fue repetir lo que ya muchos desde hace miles de años habían intentado hacer.
Paracelsus en sus obras Homunculis (1529) y De Natura Rerum (1537) describe un método para crear Homunculus —hombrecillos creados en laboratorio por métodos mágicos y alquimistas y sin intervención sexual—, pequeños humanos también mencionados por muchos escritores famosos como Goethe (Fausto) y Umberto Eco (El péndulo de Foucalt).

El persa Jabir iba Hayyan (721-815) en el Libro de la Piedra (4:12) habla también de la creación de vida humana en el laboratorio.
La filosofía, la metafísica y la ética no están preparadas aún para enfrentar nuevos descubrimientos que anulan creencias que hasta ahora se mantenían infalibles.

Creo personalmente que el ser humano en su forma evolutiva temprana era un hermafrodita. Tenía los dos sexos con la facultad de autofecundarse. Y muy probablemente sus características sexuales exteriores eran femeninas. Con el tiempo la evolución separó a la mujer del hombre.

La mitología griega de las Amazonas y narraciones aún no comprobadas con rigor científico en América (—lo dijeron los soldados de Cortés cuando caminaban de Veracruz hacia Ciudad México quienes vieron una ciudad lejana poblada solo de mujeres a quienes temían los locales. Lo narran las historias de los Cachikeles en Guatemala y en la parte sur se da origen al nombre del río Amazonas—) hacen sospechar que la mujer fue primero que el hombre.

Con el transformismo, los sexos se fueron diferenciando, fenómeno autodefensivo para liberarse de la misma carga genética que incluía demasiados genes malos, pero también buenos.

Quizá por esto muchas sociedades prohíben el incesto y lo acusan de ser un pecado más social que científico.
No podremos detener el fenómeno artificial de partenogénesis que sin duda ya está dando resultados que asustan y por el cual Dios nos da otra alternativa de inmortalizarnos sin necesidad de fuentes de juventud, sin arriesgarnos a sufrir enfermedades venéreas, de cometer abortos por embarazos no deseados y de no caer en compromisos amorosos conflictivos.

¿Caminan ya homunculus en las calles de Pekín, Moscú o Nueva York?
¿Se inflará de nuevo la vanidad humana a como pasó con la Torre de Babel?

El autor es médico.

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