Joaquín Absalón Pastora

Cinco esquinas

Un marcado acento erótico muestra el consagrado novelista Mario Vargas Llosa en su libro Cinco esquinas, la última lumbrera de su fiesta ficciosa. El escritor tomó la cámara e hizo un retrato del Perú del 1990 de Alberto Fujimori, el mismo que le capturó la delantera en elecciones presidenciales y llevó al ocaso al “senderismo luminoso” caracterizándose como el enterrador de las piedras anárquicas.

Cómo era posible que la sombra haya disipado la oscuridad brillando en la recta final el tipo que se le señaló como un intruso en el mapa político de la nación del Sur. Ese enlace condujo al entonces candidato a la frustración, a ser un opositor radical. La realidad de aquellos tiempos de infame reincidencia en la corrupción obligó al escritor a salirse del margen habitual en él, al transfigurarse en un transcriptor de las figuras lujuriosas dejando a un lado el esteticismo que distinguió a su estilo, entusiasmado con el paraje tentador de la carne.

El contenido de Cinco esquinas me sorprendió desde el momento en que fue inaugurada la pasión libidinosa de dos ricas mujeres, esposas respectivas de dos magnates que estremecidas por la advertencia del “toque de queda” y de la represión se estacionan en el reclinatorio absorbidas por la tentación de las primicias de seda de sus tesoros sexuales y la consumación del éxtasis haciendo un culto del lesbianismo circunstancial.

Deduje a través de la lectura en recorrido de “pies a cabeza” que la imagen develada en su quíntuple vertiente no era el rostro habitual de Vargas Llosa. No podía ser el dueño de la valía literaria de Conversación en la Catedral para citar uno de los ejemplos que podrían ponerse en el talante de su producción, aclarando que los dos libros señalados son dos versiones absolutamente distintas y distantes en el tiempo y sus circunstancias. La versión —insisto— fotografía las angustias de un personaje poderoso e intocable, el reflector puro del poder económico trascendente en el poder político. Hace una toma transfigurada en letras cuyos dibujos pueden ser fácilmente apreciados con la riqueza de una atrevida imaginación capaz de ser poseída por el talento del ser humano sobre todo en el caso del novelista que combina realidad con mito. El Nobel incurre con frecuencia  en el uso de la musculatura del articulista crítico, defensor de los intereses de la democracia y de la libertad.

No pocos amigos lectores y admiradores de su obra sumada y no individualizada me han dicho que el giro de su vida personal, una esfera que deber ser respetada ha influido en ese cambio. No puede negarse que Vargas Llosa hace una crítica cruda y fructuosa —en el fondo— contra el periodismo amarillista y extorsionador que se vale del “chantaje” para victimizar la reputación de los personajes como el levemente expuesto valiéndose de las debilidades de los errores cometidos, por la fragilidad. El caso de Vargas Llosa con haberse desbocado en la curva otoñal de su vida no entra en la clasificación pornográfica. Acaso sea el suyo con Cinco esquinas un caso único, una sola y encrespada ola en el mar. El autor peruano ofrece en el balance el predominio de la ética y de la cátedra en cada una de las exposiciones aparecidas dominicalmente en el diario LA PRENSA,  donde en la plenitud de la creación quedan reflejados sus méritos polifacéticos.

El autor es periodista.

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí