Adolfo Acevedo

LAPRENSA/ARCHIVO

¿Es sostenible el actual modelo de crecimiento global?

El contexto actual lleva a muchos autores a pensar que el modelo de crecimiento global prevaleciente hasta hoy debería ser modificado, introduciendo un sistema de pagos internacionales que facilite el ajuste recíproco de las balanzas de pagos.

Al mantener déficits persistentes en la cuenta corriente de su balanza de pagos, los EE. UU. han venido empeorando su posición deudora con el exterior. Ahora bien, el problema de la sostenibilidad de la deuda de un país con el exterior está relacionado con su capacidad de generar los recursos en moneda extranjera que permita hacer frente a sus obligaciones futuras. Pero los EE. UU. no necesitan generar recursos en moneda extranjera para pagar sus deudas con el exterior, por el “exorbitante privilegio” de poder honrar sus deudas en su propia moneda.

Quizá esta es la razón por la cual, hasta ahora, el déficit en cuenta corriente de su economía no le había interesado mucho a los tomadores de decisiones norteamericanos. Pero a los nuevos formuladores de política en materia comercial designados por el señor Trump les preocupa de sobremanera el enorme déficit comercial con China, y por esta razón parecen dispuestos a adoptar medidas proteccionistas que podrían potencialmente desembocar en una guerra comercial entre las dos economías más grandes del planeta, en un contexto de virtual estancamiento del comercio internacional.

Yanis Varoufakis ha denominado al modelo de crecimiento de la economía mundial que ha prevalecido hasta hoy “el gran minotauro”. El “minotauro”, en términos más estrictos, serían los déficits norteamericanos, fiscal y externo, que necesitan ser alimentados permanentemente con superávits y ahorro externo, principalmente de China. Sin embargo, Varoufakis y un número creciente de autores estiman que este modelo de crecimiento se agotó o está en vías de hacerlo, por distintas razones.

Por una parte, el ingreso mediano de los hogares norteamericanos es inferior al de una década atrás, pero el gasto de consumo de los hogares se ha mantenido como porcentaje del PIB, debido a que los hogares han reducido su tasa de ahorro y/o se han endeudado. Por su parte, el déficit de ahorro de los consumidores y del conjunto de agentes económicos en los EE. UU. es financiado con un flujo simétrico de ahorro externo. El exceso de ahorro de China permite sostener, en gran medida, el déficit de ahorro norteamericano.

Para mantener este exceso de ahorro, China debe mantener su modelo de crecimiento inalterable, el cual absorbe el exceso de ahorro mediante una inversión que resulta extraordinariamente alta como porcentaje del PIB, y mediante un excedente en sus exportaciones netas. Pero ese nivel de inversión ha sido sostenido mediante una masiva expansión del crédito, que se ha traducido en una gigantesca sobrecapacidad en sectores clave como el de infraestructura, en sobreendeudamiento de los gobiernos subnacionales y las enormes empresas estatales, en el aumento de los créditos irrecuperables, y en una disminución en el rendimiento de las inversiones.

Por su parte, el costo de las exportaciones chinas ha venido aumentando debido al fortalecimiento del renminbi y al aumento en el costo de la fuerza de trabajo, la demanda externa se ha debilitado y las exportaciones se han estado reduciendo como porcentaje del PIB. Finalmente, la competencia de las importaciones provenientes de China tiene repercusiones políticas, como puede apreciarse en el “backlash” representado por la victoria electoral de Trump.

Además, los vaivenes de estos desequilibrios globales generan una importante inestabilidad y turbulencia en la economía global.

Todo ello lleva a muchos autores a pensar que el modelo de crecimiento global prevaleciente hasta hoy debía ser modificado, introduciendo un sistema de pagos internacionales que facilite el ajuste recíproco de las balanzas de pagos.

Este ajuste significaría que los hogares y otros agentes económicos norteamericanos sustituyesen su dependencia de la deuda, financiada en último análisis con ahorro externo, con una mayor dependencia de su propio ingreso —lo cual sería más factible piensan si los salarios reales crecieran más en línea con la productividad, pero esa es otra historia—, y si China pasase a depender más del consumo de los hogares, reduciendo su tasa de ahorro, en lugar de depender tanto de una tasa de inversión tan elevada, y de la demanda externa.

(*)Economista
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