Al parecer el presidente Nicolás Maduro y su Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), creen que con más represión podrán resolver los graves problemas económicos y sociales que sufren los venezolanos.
Pero no es con la represión, aunque sea llevada al extremo de terrorismo de Estado, que se puede construir una economía sana y robusta. No es con cárcel, palo y balas contra la oposición que se impulsa la producción ni se abastece los supermercados y farmacias con los alimentos y medicamentos por los que claman multitudes de desesperados venezolanos.
Lo que necesita Venezuela para salir de la espantosa crisis causada por la revolución bolivariana y el socialismo autoritario chavista, es que se restablezcan la economía de mercado y el sistema político democrático de libertades civiles y garantías ciudadanas.
A estas alturas de la historia, pretender la construcción de una sociedad comunista no solo es un anacronismo sino también una aberración. El comunismo era posible y de hecho la única forma de vida social que podía haber, cuando los hombres apenas acababan de salir de las cavernas y comenzaban a procurarse los escasos bienes que necesitaban con su trabajo rudimentario.
El comunismo era el modo de producción y la formación social que correspondía a la etapa más primitiva de la humanidad, pero no a la época actual cuando se han alcanzado altos niveles de desarrollo, civilización y progreso técnico y científico.
En todas partes donde se ha intentado construir el comunismo resultó en un estruendoso fracaso, porque es contrario a la naturaleza humana y porque se basa en la abolición de la propiedad privada y la economía capitalista, que son las únicas que pueden crear y repartir riqueza.
Según informe del periódico digital Panampost, cuando Hugo Chávez tomó el poder, en 1999, en Venezuela había 800,000 empresas privadas, de las cuales quedan solo 230,000, muchas de ellas en peligro de extinción por las políticas confiscatorias del Gobierno y la falta de capital y de materias primas para trabajar y producir.
Alfonso Riera, presidente del Consejo Nacional del Comercio y Servicios (Consecomercio) de Venezuela, asegura que la crisis no será resuelta mientras el régimen de Maduro insista en seguir controlando la economía. “Que solo queden 230,000 empresas operativas de las 800,000 contabilizadas en 1998 —dijo el líder empresarial—, debería llamar a la reflexión para garantizarles espacios a la empresa privada para recuperar la producción nacional”.
Refiriéndose al nuevo aumento de salario mínimo decretado al comenzar este año por el Gobierno, sin que la economía del país pueda sustentarlo, Riera advirtió que “al incrementarles los gastos a las empresas con imprevistos aumentos salariales sin brindarles las condiciones para poder honrarlos, se les está sentenciado al cierre y a los trabajadores al desempleo”. Y agregó que con el cierre de más de 500,000 empresas en una década, la emigración de al menos dos millones de venezolanos y la pérdida de un millón de empleos queda claro que el cambio del modelo económico es una necesidad”.
Pero Maduro pretende resolver los problemas creados por su mismo régimen, con más de lo mismo y mayor represión. Ciertamente no cabe más irracionalidad.