Ya se respira en el ambiente el aire de Navidad en cuanto a lo material. El comercio ofrece variadas ofertas y artículos novedosos para la decoración navideña, es común ver en los hogares el tradicional árbol de Navidad y las viviendas, por muy sencillas que sean, adornadas al menos con luces de variados colores.
Pero en cuanto a lo espiritual no se siente ese fervor religioso, las iglesias ya iniciaron el rezo de la novena al niño Dios y es poca la asistencia y participación de los fieles al igual que en las posadas, muchas personas por comodidad no se integran aduciendo que no les gusta madrugar.
En los hogares niños y adolescentes añoran que sea Navidad para recibir el regalo, un regalo del que está claro no se lo envía el niño Dios, sabe que son sus padres quienes se lo comprarán, todos piensan en la fiesta, la comida, la música y el arreglo de la casa, pero todo se centra en lo material.
En esta época, es también momento de hacer un alto en nuestra vida para reflexionar que hicimos bien, qué hicimos mal, a quien ofendimos con palabras y actitudes, de qué manera nos preparamos para recibir al niño Jesús en nuestro corazón.
Es una ofrenda agradable hacer un sacrificio levantarse de madrugada para asistir a las misas del niño Dios, de esta manera reafirmamos nuestra fe cristiana, y en la medida que crezcamos espiritualmente será la convivencia y el trato que tengamos con quienes nos rodean.
A todos nos gusta celebrar en familia la Navidad, recibir regalos, compartir con amistades y vecinos, pero sin olvidarnos que la verdadera celebración es estar en paz con nosotros mismos y con los demás, la verdadera
Navidad es agradecer a Dios todas las bendiciones que a lo largo del año nos ha dado.
Es la familia el modelo a seguir, es ahí donde debe prevalecer el respeto a las tradiciones religiosas, buenas costumbres y el verdadero sentido que tiene para los seres humanos esta época, dejemos que Dios habite en nuestra vida y nuestro corazón en esta Navidad.