He publicado en estas mismas páginas obituarios de actores contemporáneos de Kirk Douglas (Gregory Peck, Glenn Ford, Charlton Heston), que fallecieron a edad avanzada.
Nunca imaginé que un siglo después de su nacimiento estaría escribiendo sobre él para celebrar su cumpleaños.
Issur Danielovitch Demsky, su verdadero nombre, proviene de una familia de emigrantes ruso-judíos. Comenzó en el teatro; su amiga Lauren Bacall le consiguió su primer papel en el cine, en El extraño amor de Martha Ivers.
El triunfador
El estrellato vino con la nominación al Óscar por El triunfador (1949), excepcional película de boxeo, donde por primera vez el público vio su fortaleza física y su talento para interpretar papeles de gran fuerza dramática.
Algunos jóvenes podrán ver en Douglas a un histrión, pero su intensidad interpretativa siempre reflejó una honestidad de sentimientos que justificaba plenamente su manierismo histriónico.
También logró proyectar tensión mediante una sorprendente sobriedad interpretativa, como en dos de sus mejores películas: La patrulla infernal (1957), dirigida por Stanley Kubrick, clásico del cine antibélico, y Siete días de mayo (1964) de John Frankenheimer.
La antesala del infierno
En este filme, Burt Lancaster interpreta a un oficial derechista que pretende darle un golpe de Estado a un presidente que considera blandengue. Douglas es el subalterno que descubre, denuncia e impide el golpe.
Quizá su actuación más dramática sea en La antesala del infierno (1951), dirigida por William Wyler, como un inspector de policía destruido física y moralmente por una crisis de celos retrospectivos provocada por el descubrimiento de que su esposa había sido amante de un gánster.
Douglas ocupa lugar de honor en la historia del cine. En los primeros años de la Guerra Fría, cuando la Cámara de Representantes del Congreso de Estados Unidos inició una investigación de supuesta infiltración comunista en Hollywood (sobre todo entre guionistas y directores), algunos citados se negaron a colaborar con el Comité investigativo. Diez de ellos fueron encarcelados por desacato.
Muchos de los investigados fueron incluidos en la famosa lista negra elaborada por las grandes compañías de Hollywood, lo que impedía que fueran contratados por estas compañías (podían trabajar en teatro o cine independiente).
Algunos guionistas listados continuaron trabajando para las grandes compañías usando nombres de testaferros o seudónimos.
Uno de estos guionistas fue Dalton Trumbo (de los 10 de Hollywood), quien en 1956 ganó el Óscar por el guion de El niño y el toro bajo el seudónimo de Robert Rich. Nadie se presentó a recibir la estatuilla.
Productor y protagonista
En 1960, Kirk Douglas como productor y protagonista de Espartaco, dirigida por Kubrick, sobre una rebelión de esclavos en Roma, encargó a Trumbo la elaboración del guion y puso su nombre en los títulos de crédito (con la aprobación de la Universal).
Ese mismo año, el productor-director Otto Preminger hizo lo mismo con Trumbo en su filme Éxodo, sobre la creación del Estado de Israel.
Ambos filmes fueron éxitos de taquilla y marcaron el fin de la notoria lista negra.
En 2015, Bryan Cranston hizo el papel del célebre guionista en el filme Trumbo, regresó con gloria de Jay Roach. Dean O’Gorman interpreta magistralmente a Douglas.
La culminación de la carrera de Kirk Douglas fue Sed de vivir de Vincente Minnelli, filme en el que el actor literalmente se convirtió en Van Gogh. Lamentablemente, estaba escrito que ese año (1956) el Óscar iría a Yul Brynner por El Rey y Yo.




