El primer recuerdo que tengo de Nemesio Porras, no es disparando una línea hacia el jardín derecho, empujándola la pelota hacia el leftfield o enviándola sobre la cerca, para estremecer el Estadio Nacional.
Tampoco tiene que ver con las zambullidas como a una piscina que se daba en la primera base, donde fildeaba rebotes junto a la almohadilla y luego atrapaba elevados donde ahora está el mezzanine en el estadio.
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Es más bien, delante de una fila de reporteros que preguntábamos lo mismo y obteníamos siempre una respuesta amable, sin vanaglorias ni petulancias. “Es que entiendo el trabajo de los periodistas y me gusta dar entrevistas”, explica.
Nemesio fue admirado como jugador porque era admirable. Bateaba sobre .300 todo el tiempo. Lo hizo 19 veces. Algunas veces subió a .400. Cinco para ser exacto. Ganó seis títulos de bateo y cerró su carrera con .354, aún el promedio más alto.
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Pero quizá lo más llamativo ahora es que Nemesio también batea sobre .300 en el rol de dirigente. A veces se eleva a .400, pero lo notable es su consistencia. El beisbol nica necesitaba su pasión, su entusiasmo y su credibilidad. Eso ha sido clave.
Por tercer año seguido, Porras ha sido designado el Dirigente del Año; el beisbol, el Deporte del Año; y la Feniba, la Federación del Año. Las medallas en categorías menores se han vuelto comunes y es notable el avance técnico entre los jugadores.
Además, la Feniba pasó de ser una organización bajo sospecha, a una gestionada con orden. Nemesio incluso es presidente de la Copabe y representa a América en la Confederación Mundial de Beisbol y Softbol (WSBC).
Si eso no es batear sobre .400, entonces no sé qué es.
Twitter: @EdRod16