Cuando la producción de prospectos para el beisbol, además de raquítica, es carente de jóvenes de envergadura, el margen para las equivocaciones es amplio.
Ante cualquier chispazo nos emocionamos. Y hasta llegamos a conclusiones universales, sobre desempeños que son muy coyunturales.
De pronto, tras una buena jornada, vemos a algún chavalo en ruta hacia las Ligas Mayores, y si al día siguiente le va mal, pronosticamos su pronto regreso a casa.
El beisbol, además de mucho trabajo, requiere de mucha paciencia. Los jóvenes no se desarrollan de un año a otro. Deben trabajar duro y a la vez, estar saludables.
¿Y qué me dicen de Kevin Gadea? Este muchacho no ha parado de brillar todo el año. Eso no garantiza nada, pero da la impresión que va sobre la ruta correcta.
Nacido en Estelí, pero residente en León, Gadea se repuso a una lesión y pasó por la Liga de Arizona, donde registró 1-1 y 2.95, con 23 ponches en 18.1 innings.
Entonces lo subieron a Clase A alta y terminó con 3-0 y 2.15, más 72 ponches en 50.1 innings , con 11 bases, en una relación formidable.
Y para dejar en claro que no se anda con bromas, se unió a los Tigres de Aragua en Venezuela (AAA) y cerró con 2-2 y 2.10, más 20 ponches en 30 episodios.
Fue tal el impacto durante su estadía en Venezuela, que expertos anticiparon que los Marineros lo protegerían en el roster de 40 hombres. Este muchacho ha dado un salto.
Gadea está por cumplir 22 años y con 6’5 pies de altura dispone del espacio físico necesario para ganancias futuras. No es hombre de gran poder, pero va mejorando.
Su arma es su control y la curva que parece un arco de barril. Ese es el lanzamiento que lo va a llevar muy largo.
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