Juan Velázquez Molieri

Virgilio Godoy, el político insobornable

Después de 5 años regresé a mi patria el 21 de septiembre de 1991, tras un autoexilio forzoso. En la pista del aeropuerto me esperaban el vicepresidente Godoy y el magistrado Selva. Me arrodillé y besé el suelo de mi patria.

Después de tragos en el primer bar que vio, me dejó en la casa donde me quedaba y a las cinco de la madrugada pasó por mí rumbo a Palacagüina. Volvimos a las 9:00 de la noche; al día siguiente volvió a pasar por mi rumbo a las montañas de Matagalpa. Regresamos nuevamente tarde y vi Managua hasta el lunes.

Cuando viajábamos me contaba que en uno de sus viajes un soldado del ejército lo detuvo en su vivac; este entró su rostro en la zona de los pedales, no para registrarle, sino para decirle quedito: “Viva la UNO”. “Teníamos que ganarles tres votos a uno, me decía, pues de los tres se nos robaron uno”.

Cuando lo conocí en 1980 no imaginaba la dimensión del hombre que entrevistaba como redactor de LA PRENSA; de quien estuvo disponible dispararle a Somoza García antes de septiembre de 1956; del universitario que con fusil y una máquina de escribir en su mochila invadió Nicaragua en la guerrilla del general Ramón Raudales. Del sobrino del general Paulino Godoy, vencedor del ejército conservador en la guerra civil en Tisma, Masaya; y del hombre que parcialmente cambió mi conducta ante la vida y me enseñó a sentir que en política los principios son más importantes que los hombres.

Nacido en 1934, Godoy no fue fundador del PLI; la segunda generación —la de 1946— fue integrada por cristalinos hombres como los hermanos Orúe Reyes, Rodolfo Abaunza, Alonso Castellón, Humberto Alvarado, Alejo Icaza, Humberto Sotomayor, Ricardo Wassmer; Enoc Aguado, Ulises Terán, Víctor Manuel Ordóñez, Enrique Lacayo Farfán, José Simón Delgado, Juan Manuel Gutiérrez. En la tercera generación —la más martirizada— estuvieron Manuel Díaz y Sotelo, Uriel Sotomayor, Edwin Castro, Rigoberto López Pérez, Ausberto Narváez, Fanor Rodríguez.

Godoy entró al PLI en 1961, a su cuarta generación; de 22 años, ya tenía una trayectoria de universitario revoltoso. Lentamente comenzó a ascender en el partido cuando había que ser verdadero PLI para ganarse las posiciones. Abogado, sociólogo, docente, intelectual, trovador, celoso y bondadoso, amigo leal, no perdonaba ni olvidaba un agravio. Cuando le preguntaba si alguna vez perdonaría a un tránsfuga me respondió: Nunca… con la gloria de un partido como el PLI no se juega.

En los 80, siendo ministro del Trabajo me contó que un comandante le dijo mostrándole unas llaves que se mudara con su familia a una casa confiscada en Las Colinas. —No la necesito, tengo mi casa en la colonia Centroamérica —respondió. —No es posible que un ministro de la Revolución viva en la Centroamérica —dijo el comandante. —¿Y por qué no? —dijo Godoy—, si para eso luchamos. Si insisten, aquí están las llaves de mi oficina y mi renuncia. Siendo ministro, conducía su Volkswagen como cualquier cristiano.

En agosto de 1993 caímos secuestrados en la sede de la UNO. Días tensos en los que demostró su dignidad. Godoy nos guiaba entre renovados conceptos de liderazgo y su interés en organizar al PLI viajando durante años por todo el país. Lo acompañé muchos años.

La muerte lo atrapa cuando sus fuerzas físicas ya no podían unir a la oposición como lo logró en 1990; cuando por una traición, lamentablemente el actual PLI pasa por una crisis todavía de inciertos desenlaces, y ahora, bajo sombras tenebrosas que pretenden ocultar su gloria de antaño. Cuanta conciencia y esfuerzos aún vanos.
El autor es abogado y periodista.

COMENTARIOS

  1. Edmund Dantes
    Hace 10 años

    ….Esfuerzos aun vanos…..muy acertado final….cuanto sacrificio aun esperando ver quienes retoman la bandera y suben cuanto nivel haya que subir hasta alcanzar colectivamente la puerta de la democracia…..mientras tanto….seguimos teniendo el gobierno que nos merece nuestro esfuerzo….que tragedia nuestro yo que pierdismo…

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