Los minutos transcurrieron y el temido voto oculto trascendió, muchos espectadores quedaron atónitos, a medida que los números iban sumando cada voto electoral por estado, conocido popularmente en inglés como “electoral vote”.
Lo que mi inconsciente temía sucedió, masivamente salieron a votar grupos de hombres blancos sin estudios universitarios, con una fuerte inclinación de género, y paternalismo, quienes depositaron sus votos certeros.
Inclusive nunca preguntaron sobre el plan de gobierno.
La crisis económica arraigada fuertemente a la masculinidad y estupidez sincera prevaleció. Este electorado también no se expresó con franqueza en las estadísticas. Su acceso a las mismas, en muchos casos no llegaron inclusive hasta ellos.
Fueron estados decisivos los del norte y centro, como: Wisconsin, Iowa, Ohio y Pensilvania, entre otros.
Sus votos definitivamente cerraron el margen a favor de Trump.
Creo que hay un aspecto que se ha ignorado por muchos. No toda la sociedad estadounidense ha crecido con sostenibilidad en sus niveles educativos, donde ha prevalecido la falta de inclusión. Reafirmando así mucha disparidad socioeconómica y cultural.
“La victoria de Trump representó una rebelión contra la razón y la decencia. Fue el triunfo del racismo, o de la misoginia, o de la estupidez, o de las tres cosas a la vez”. El País
El voto latino fue masivo, más del 13 por ciento que se había calculado. Aunque algunos de ellos olvidaron su verdadera identidad hispana, renegando a sus raíces latinas. Expresando frases “ya hay muchos latinos acá”. Pero luego la ley del “boomerang” hará sus ajustes. Donde la soez supremacía blanca no distinguirá entre las minorías. Son latinos con apellidos hispanos y con “look” latino.
Se presentaron muchos temas sensibles y delicados, y que no necesitamos exponerlos más, los cuales fueron manipulados hacia sectores con carencia espiritual y deficiencia de conciencia analítica, crítica y objetiva.
Como se dice por ahí “no hay peor ciego que el que no quiere ver”.
Al contrario se han dejado de lado asuntos trascendentales, como el “cambio climático”.
Este grupo que se sentía abandonado por el sistema definitivamente ocultó sus preferencias.
Escucharon lo que ellos querían y un gran demagogo se las proporcionó, aunque estas mismas no sean factibles realizarlas. Son mentiras disfrazadas de falacia, cargadas de ignorancia y victimización.
Pueblos en Pensilvania donde se habían cerrado compañías de la metalurgia seguirán esperando por más clientes. Porque entendamos, el mundo de ahora no es el mismo de hace diez o quince años. La culpa no es de los tratados de comercio, es la presencia de la globalización, la tecnología, robótica y de imágenes. Es imperativo que Estados Unidos estimule opciones competitivas y creativas con los otros mercados, así capacitar y brindar nuevas herramientas tecnológicas. Sin estas premisas sus productos tendrán una débil aceptación en los mercados globales.
En estas elecciones del 2016, Trump ganó el voto electoral, obtuvo 306 y la excandidata presidencial madame Clinton 232 votos electorales. En el voto popular Mrs. Clinton obtuvo más de 630,000 que su contrincante. http://www.snopes.com/2016
Además, de ganar el ejecutivo los republicanos mantuvieron su mayoría en el Senado, la Cámara de Representantes y tendrán el control de la Corte Suprema.
Todo esto no es muy saludable, propicia concentración de poder. Desafortunadamente dividirá más a la gran nación del norte, donde muchos, especialmente los “millennials” (+53.5 por ciento), están insatisfechos por los resultados. Pero ya el pueblo estadounidense eligió, el cual pudiese ser el peor desatino de su historia moderna.
Los ánimos continúan tensos, casos de racismo se escuchan en uno y otro estados, lo mismo con la reciente elección de nuevos miembros del gabinete, lo cual reafirma los desatinados discursos que se escucharon en la reciente campaña.
Se debe entender que Trump no es un gurú de prosperidad, con una varita mágica lista para convertir todo en oro.
Es preciso encontrar la cordialidad, y sensatez cívica donde se reafirme la democracia, y así evitar una debacle en esta gran nación del norte.
Quién gana, quién pierde, sino la majestuosa multiculturalidad de nuestro pueblo, en un mundo cada vez más convulsionado.
La virtud y la moralidad tienen su base en la esencia de la apreciación de la pureza que no se entiende por muchos.
La autora es escritora/ Consultora.