Los resultados de las votaciones del 6 de noviembre, consideradas una farsa electoral por la oposición política del país, ponen a Nicaragua en medio de un conflicto entre dos potencias internacionales, como son Estados Unidos y Rusia.
El 7 de noviembre, un día después de las votaciones, Mark Toner, portavoz adjunto del Departamento de Estado de los Estados Unidos, dio a conocer un comunicado que expresaba una “profunda preocupación por el proceso viciado de elecciones presidenciales y legislativas de Nicaragua”.
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Mientras tanto, este lunes, el ministro de Asuntos Exteriores de Rusia, Serguéi Lavrov, manifestó que su país no tiene dudas acerca de la limpieza de las elecciones de Nicaragua y que los resultados de esos comicios “no se discuten por nadie de la oposición nicaragüense, salvo por su parte marginal”.
El ex vicecanciller José Pallais Arana opinó que Ortega le solicitó esta declaración a Rusia a falta de reconocimiento de la mayoría de los países que no lo han felicitado por su segunda reelección.
Señala preocupación
“Ortega está muy preocupado por las escasas felicitaciones que ha recibido a consecuencia de la farsa electoral, han sido muy pocos los países que le han transmitido mensajes de complacencia y en el caso de los Estados Unidos ha sido un comunicado crítico”, expresó Pallais.
Pallais explicó que “lo usual es que (los países) solo feliciten al pueblo de Nicaragua por haber elegido, pero decir en forma expresa que es un proceso legítimo, que hubo una gran participación” evidencia que “es una reacción a un pedido específico para tratar de mejorar la imagen internacional del país”.
El abogado en Derecho Internacional, Irving Dávila, considera que Ortega mete a Nicaragua en un conflicto internacional entre dos potencias “que no beneficia en nada a Nicaragua” y considera que lo que hace es “exponer al país en ese conflicto internacional”.