Ilsen Canales V.

El día después de mañana

Al igual que la película de Roland Emmerich en la que un grupo de investigadores presenta sus conclusiones sobre las repercusiones de un acelerado cambio climático, me sumo a la voz de muchos analistas sobre las repercusiones que tendrán los resultados de las recientes votaciones en las que el continuismo se consolidó a través de un proceso altamente cuestionado.

¿Qué significan las votaciones del 6 de noviembre de 2016? Es decir, el día después de mañana. ¿Cuáles serán las posibles repercusiones en los días por venir?

En nuestro caso en particular somos una sociedad posconflicto en la que aún el proceso de reconstrucción y reconciliación está en sus primeras fases; todavía las repercusiones de la guerra están presentes en la memoria colectiva. El hecho de que en las calles no se hayan vistos grandes movilizaciones antes y después de las votaciones en las que un amplio sector mostrara su descontento sumado al abstencionismo, demuestran que la sociedad, en su mayoría, está convencida de que la vía violenta no es la primera opción. Esto podría ser por mera pasividad, ignorancia, miedo, falta de liderazgo, indiferencia o la mezcla de todas ellas. Sin embargo, esta inconformidad no debe confundirse con resignación y mucho menos con estabilidad. Acá estamos ante un conflicto latente que cuando las circunstancias sobrepasen los límites de la tolerancia estaremos nuevamente a las puertas de un conflicto social violento.

Dentro de los principales indicadores de alerta temprana hay que considerar seriamente aquellos que tienen que ver con factores estructurales tales como: la baja credibilidad en las instituciones rectoras del Gobierno, abusos constitucionales, ilegitimidad, abusos del poder incluyendo el nepotismo, fraude electoral, la represión y violación de los derechos humanos. Cualquiera de los principales instrumentos desarrollados ya sea por Naciones Unidas, Fewer, Doom y Vlassenrrot y aún el Banco Mundial arrojarán coincidencias sobre la necesidad de tener un Estado de Derecho como condición fundamental para la prevención y el manejo adecuado de los conflictos.

El punto toral de esto es que el respeto al Pacto Social permite la convivencia de todos los agentes que interactúan en un orden social civilizado. Cuando las reglas del juego se rompen crece la frustración, se deteriora la cohesión social, además, ante la pérdida de espacios que permitan la inclusión de la mayoría de los sectores, se consolida la violencia estructural la cual genera un ciclo violento que termina cuando las armas predominan por encima de la razón.

Desafortunadamente estamos ante un conflicto endémico, nos estamos acostumbrando a vivir con una mínima garantía del respeto a nuestros derechos. Percibimos como normal y hasta curioso el repetir viejos patrones históricos. Es estar en un continuum indefinido, como una especie de trance del que salimos solo cuando hay una cantidad considerable de muertos.

Estamos ante una sociedad disfuncional que tiene su origen en la falta de transparencia y legitimidad de la que goza las principales instituciones gubernamentales. El tema de la corrupción institucionalizada sirve como excusa para fomentar la corrupción en otros niveles lo cual nos deja como ciudadanos en una posición vulnerable no solo por la gestión antojadiza e imparcial de los funcionarios sino por otros aspectos mucho más graves como la infiltración del crimen organizado en las entidades públicas sobre lo cual hay tristes y cercanos referentes.

Mi propuesta en el plano individual es hacerle frente a la realidad que nos toca vivir, empezando por aceptar y respetar a quienes fueron electos, independientemente de los mecanismos utilizados para continuar en el poder. Es fundamental en estos momentos evitar los enfrentamientos violentos que no traen cambios significativos.

Debemos además iniciar un proceso de reculturación en el que tengamos una actitud más activa y consciente de los temas políticos, conquistar espacios que permitan el debate propositivo, reafirmar nuestro compromiso de practicar y fortalecer los valores democráticos. Debemos demandar transparencia y respeto a nuestros derechos como ciudadanos de primera categoría.

A la sociedad civil organizada le corresponde continuar trabajando por la búsqueda del bien común a través de nuevas propuestas. Al mismo tiempo debe vigilar y demandar políticas públicas inclusivas y progresistas.

A los partidos políticos, incluyendo al FSLN les toca democratizar y renovar su liderazgo, para salir del ciclo del caudillismo que resulta ser letal para cualquier institución democrática.

Otros sectores como la empresa privada y la oposición deberán replantear su papel en los días por venir.

La ventaja de estar en una sociedad como la nuestra es que el día después de mañana tenemos mucho trabajo por delante. Debemos crear una estructura de oportunidades que nos permita salir del ciclo de la violencia y el atraso que cargamos desde hace siglos. La mejor forma de hacerlo es asumir el reto individual y colectivamente, trabajar en consenso para consolidar las bases de una paz duradera a través de un verdadero Estado de Derecho a fin de volver a confiar en las instituciones y el sistema político. Esto no se logra de la noche a la mañana, la constancia, la unidad como nación y la perseverancia deberán ser el motor de cambio porque si no empezamos ahora ¿cuándo será?

La autora es Catedrática en temas de Resolución de Conflictos.

Opinión #EleccionesNi2016 archivo
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