El pasado 28 de septiembre, con el respaldo de quince diputados del Partido Liberal Independiente (PLI), presenté ante la Asamblea Nacional (AN) lo que denominamos “ley para la conciliación nacional”.
En resumen, la ley para la conciliación nacional expone la urgencia de encontrar una válvula de escape a la espiral de crisis política y social en que como nación nos encontramos y, a eliminar la amenaza del descarrilamiento macroeconómico que ciertamente hemos logrado.
Esa espiral de crisis interna y sus respectivas consecuencias fuera de nuestras fronteras que ya observamos, es el resultado de las desacertadas y arbitrarias decisiones políticas adoptadas por el poder ejecutivo. Obedecen a la imposición de un modelo de país que no es precisamente el que como nación decidimos y pactamos en el año 1990.
La iniciativa de ley llama a hacer un alto en el camino, un detente que incluye la suspensión del proceso electoral ya convocado para noviembre de este año. Convoca, más allá de la imposición de la agenda ideológica partidaria, a pensar desde una lógica nacionalista, meramente nicaragüense y por y para los nicaragüenses. Invoca a que los diferentes sectores sociales, económicos y políticos decidamos, de forma conjunta, libre e irrestricta, respetuosa y sincera, sobre el modelo de país que deseamos, tal vez ya no para nosotros pues, sino que para el bienestar y progreso de nuestros hijos, nuestros nietos y las futuras generaciones.
Un modelo de país que conciliado, construya sobre las formas de acelerar la disminución de la pobreza y el incremento de las oportunidades y la riqueza para todos, pero fundamentalmente para los más desposeídos y empobrecidos de nuestra nación.
La iniciativa de ley expone la urgencia de recomponer el Estado de Derecho, definir sobre el marco jurídico que en lo político, social y económico nos deben regir de cara al futuro, todo decidido sobre la premisa del consenso, el acuerdo nacional y la eliminación de la imposición de modelos desde una visión inclinada por una agenda específica.
La iniciativa de ley de conciliación nacional, más allá de los “tecnicismos” jurídicos, es un proyecto de voluntad política. Es la llave maestra para abrir la puerta de salida a la grave coyuntura actual, es pues, la escalera para restablecer el diálogo, la comunicación, reencontrarnos y tomar las decisiones para el futuro de nuestra patria, con sus correspondientes resultados transversales para toda la sociedad y no solo para un determinado grupo social, económico o político.
El “tecnicismo jurídico” impidió que nuestra iniciativa fuera procesada en la AN, sin embargo, la misma respuesta técnica indicó que el poder ejecutivo tiene potestad constitucional sobre la materia.
Por consiguiente, como se le solicitó en misiva enviada al presidente de Nicaragua y, cito textualmente: “Urgimos su intervención de acuerdo a sus facultades referidas, para que haga propia la ‘Iniciativa de Ley para la Conciliación Nacional’ y, la envíe a la AN de Nicaragua”.
Comandante Daniel Ortega: como jefe de Estado, es en sus manos que se encuentra la llave, la escalera para salir de la actual crisis y así desmontar las acciones externas que irremediablemente dañarían al país y la vida de miles de nicaragüenses. El tiempo transcurre, el tiempo se agota y, como igualmente concluimos en dicha carta, cito: “De más está señalar que el pueblo nicaragüenses será el gran ganador de este esfuerzo de construir conjuntamente el modelo de nación que queremos para ellos y las futuras generaciones”.
El autor es diputado PLI.