Moisés Absalón Pastora

Ganó la guerra

En Colombia la paz fue derrotada por la guerra. En un solo día los cincuenta años del conflicto más sangriento de América Latina, puesto sobre la “diafanidad de la democracia”, fueron devorados por un ¡No! que se impuso de nariz, pero que dio la espalda a un proceso anhelado para enfriar los fusiles que mataron aproximadamente a 220 mil personas desde que en 1958 comenzó el fratricidio que pasó por guerrillas, paramilitares, narcotráfico, enemigos de los narcos y otras expresiones irracionales que decidieron firmar la paz a través de un proceso prolongado y complejo que terminó fusilado por un referéndum que hoy tiene de cabeza al país sureño sin saber qué va a pasar en el futuro.

Sin plan “B” ante lo inesperado, que tuvo como recuento el voto a favor de la paz en las zonas que sufrieron la pesadilla y el ¡No! donde nunca la padecieron, el presidente Juan Manuel Santos en un discurso político ante la derrota, dijo que más bien Colombia se fortalece, pero la verdad es que el mundo está estupefacto porque en esencia ganó la guerra o lo que es igual el odio sobre el amor o la muerte sobre la vida.

La campaña del ¡No! que fue empujada por el expresidente Álvaro Uribe, caracterizado por el fuego retórico de la confrontación contra todo lo que no haga él, es obviamente un problema de los colombianos y aunque seguramente muchos amanecieron asustados por la decisión que tomaron, el tema se abre para determinar el peso entre la guerra o la paz, entre el diálogo y la confrontación, entre la negociación o el conflicto.

En Nicaragua tenemos suficientes razones para celebrar el silencio de los fusiles y aunque la ausencia de la guerra no es necesariamente la existencia de la paz nosotros sí podemos decir con los ojos cerrados, que en medio de nuestros conflictos, aquí nunca volverá la guerra porque lo nuestro no fue un trecho de cincuenta años matándonos como lo hicieron los colombianos, sino que lo hicimos desde nuestra propia independencia y por esas luchas estériles nos dividimos y perdimos mucho de nuestro territorio.

Los nicaragüenses para transitar sobre este trecho de 26 años donde los gobiernos no se votan por golpes de estado, decisiones imperiales o revoluciones tuvimos que tragar sapos y sentarnos entre quienes matamos gentes de una u otra forma, tuvimos que ver la cara a dueños de cementerios, a torturadores, a violadores y a genocidas de uno y otro lado, pero al final la balanza determinó que la paz era mucho más importante que la guerra, el odio, el miedo, el atraso y la muerte.

Benditos nosotros los nicaragüenses porque Dios iluminó nuestras voluntades e impuso en los corazones negociadores de la paz la sensatez que hoy permite que antiguos enemigos, que tienen un pensamiento distinto al nuestro, podamos saludarnos, conversar y sentarnos a hablar respetuosamente de las visiones o proyectos de cada quien, porque en lo fundamental de eso se trata la democracia.

Convivir es que existamos todos con nuestros defectos y virtudes. Esa ecuación sencilla es el fundamento de la paz que aplica a la familia, a la empresa y a la nación y desde el prisma del raciocinio y la cordura es mucho más elevado que el interés personal de patrocinar conflictos solo por llamar la atención.

A partir de la paz podemos construir un futuro común. En paz podemos andar caminos que conduzcan a la justicia y al orden. Cualquier otra propuesta es matar la vida que requerimos para darnos la Nicaragua que no es de nadie, que es de todos, pero que algunos desean ver ensangrentada porque no conocen la guerra.

El autor es periodista.

COMENTARIOS

  1. el carolingio
    Hace 10 años

    Por primera vez estoy deacuerdo en casi todo lo que Ud. ha escrito,es bonita La Paz,aqui y en todo el mundo y a nivel individual…sentirse en paz. Una casa en paz es llamativa por la armonia,pero esa armonia se vive porque sus partes estan de acuerdo en todo lo que hacen, no existe abuso ni injusticia se oye y hay acuerdos, se cede y se habla en justicia.

  2. Maria Pilar
    Hace 10 años

    Gracias a Dios ganó la guerra, hubiese sido humillante tener una paz falsa, hipócrita y narco. «No lloren como mujer, lo que no defendieron como hombre».

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