Desde hace muchos años los chilenos han sido ejemplares. Una democracia funcionando en serio y estabilidad institucional; buen manejo de la economía, confirmado por las cifras y una política comercial impecable que le ha ampliado de manera muy importante los mercados. Pocos escándalos por corrupción y aunque los ha tenido e incluso han involucrado a la nuera y el hijo de la presidenta Michelle Bachelet, nada que ver comparado con lo que pasa por los alrededores.
Los chilenos además le quitan vuelo y no hacen ruido frente a los repetidos anuncios de Evo Morales en sus intentos de avanzar sobre el Pacífico. Sobre lo que sí hacen ruido es en relación con sus éxitos futbolísticos y la obtención por dos veces y en forma consecutiva del campeonato sudamericano. Un tal Vidal aparece como el abanderado del “bicampeonato”, misión que asume, ciertamente, con bastante arrogancia.
Ante ese panorama sorprende un poco la noticia de que los candidatos que pugnarán por la Presidencia en las elecciones de noviembre del 2017 sean los expresidentes Ricardo Lagos y Sebastián Piñera.
Seguramente ninguno irá con el lema “renovación”. El socialista Lago, quien ejerció la Presidencia del 2000 al 2006, y era considerado una especie de “cacique y gurú” en el retiro a quien consultar y cuyas opiniones eran respetadas y tenidas en cuenta, anunció ya que buscará ser candidato de los grupos de izquierda en el próximo año. Sebastián Piñera, el hombre de la derecha que presidió Chile del 2010 al 2014, todavía no ha dicho nada, salvo que sí considera la posibilidad de ser candidato, lo que resolverá en marzo del 2017. Los conocedores de la política chilena aseguran que la carrera final será entre ellos.
En la interna Lagos aparentemente tiene más enemigos que Piñera. También la senadora Isabel Allende, hija del derrocado presidente Salvador Allende y el ex secretario general de la OEA José Miguel Insulza, aspiran a ser los candidatos de la izquierda. Como se ve, pocas caras nuevas y nadie muy joven.
¿A qué se debe este retorno a los clásicos, a los probados? ¿No hay figuras nuevas?
Según los expertos, hay una crisis de liderazgo y de ahí estos “resurgimientos”.
Lo que ocurre es que los chilenos sufren una “crisis de confianza en el sector político”. Y no se trata de desconformidad con el actual gobierno, aunque ciertamente la imagen de Bachelet está muy baja con solo un 15 por ciento de aceptación. Siete de cada diez chilenos dicen que no irán a votar en las elecciones municipales de octubre de este año, según una reciente encuesta del Centro de Estudios Públicos (CEP).
Hay cosas peores, aún: un 80 por ciento de los chilenos opina que la gran mayoría de los políticos son corruptos.
Concretamente un 30 por ciento dice que son “bastantes” los políticos que han estado involucrados en casos de corrupción, mientras que un 50 por ciento cree que “todos” los políticos lo han estado. Asimismo casi la mitad de los ciudadanos piensan que la situación económica es mala y muchos más califican de mala y muy mala la situación política, según esta encuesta del CEP.
Ese temor y pesimismo que se recoge en el sondeo es el fundamento para hablar de una crisis de liderazgo, que abre puertas a determinados líderes que se daban por “retirados”. Si los candidatos son Piñera y Lagos, Chile será noticia y tiene asegurado más de un titular. Será una carrera emocionante difícil de adivinar quién ganará.
“Quizás lo decidan por penales, pues en eso los chilenos son expertos; son bicampeones de América pero, mal que le pese al señor Vidal, nunca ganaron, lo que se dice ganar, ganar, una final”.
El autor es periodista uruguayo. Fue presidente de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP).