La palabra gimnasio debe sonarle en estos momentos a Román “Chocolatito” González como un insulto. Debe sentirla como el peor de los golpes jamás recibidos en el mentón o como un poderoso gancho al hígado que le roba el aire. Luego de la cuarta corona que aterrizó en sus manos con sufrimiento, el descanso es para él una obligación, es quietud a su cuerpo y paz a su alma.
“Román descansará lo que resta de septiembre y volverá al gimnasio a finales de octubre. No para entrenar duro, sino para que se mantenga siempre en movimiento. Es un deportista de alto rendimiento al que hay que cuidarlo de la inactividad y de la subida de peso, porque son detallitos a tener en cuenta en cada preparación”, dice su entrenador Arnulfo Obando.
Tiempo para descansar
Después de ocho semanas de vivir y esculpirse a sí mismo en una montaña como Big Bear, donde el frío muerde los huesos y la altura le pone un grillete a la garganta, lejos de su familia pero cerca de sus sueños, “Chocolatito” necesita descansar bajo el calor de los suyos, mientras en la mesa se negocia una nueva pelea para el tetracampeón del barrio La Esperanza.
“Román podría regresar en febrero o en marzo del próximo año, es lo más probable. Necesitamos que haga un par de peleas en la división súper mosca (115 libras) ante rivales de menor calibre, para luego apostar por un combate de unificación de títulos. Hay interés de algunos campeones de enfrentarlo, pero con el tiempo sabremos que habrá de ocurrir”, explicó Obando, con la voz bañada de alegría.
Mientras Román se dispone a descansar, su rival de este sábado, el mexicano Carlos Cuadras, pide a toda voz la revancha, dejando un reguero de declaraciones: “No sentí que fuera superior a mí”, “Es fuerte ‘Chocolate’, pero no es mejor que yo”.