Iván de Jesús Pereira

Drama moral en las elecciones de EE. UU.

A nueve semanas de las elecciones en los Estados Unidos (EE. UU.), las encuestas parecieran que se juntan y algunos medios predicen un empate entre los dos candidatos.
La atipicidad de esta elección es que ninguno de los dos candidatos logra despertar el entusiasmo que se ha visto en otras elecciones. Trump por su discurso de xenofobia, antirracial y desarticulado y la señora Clinton por no lograr despertar ni credibilidad e imagen de honestidad a esta altura de la campaña.

En una reciente encuesta, practicada por el Washington Post en los cincuenta estados de la Unión Americana (entre el 9 de agosto y el 1 de septiembre), encuesta que se efectuó entre 74,000 personas registradas para votar, se dieron los siguientes resultados: Dentro de los votos de los graduados universitarios blancos, especialmente mujeres, la diferencia en contra de Trump es muy grande. Los graduados universitarios blancos, tradicionalmente han sido muy leales al Partido Republicano, pero esta vez Clinton sobrepasa a su rival aún en estados que sólidamente han sido clasificados como republicanos.

Trump la está luchando en lugares donde los republicanos han ganado tradicionalmente en las últimas elecciones. Esos estados incluyen Arizona, Georgia, lo mismo que Texas. Allí se encuestó a 5,000 personas y el resultado arrojó un empate virtual entre ambos, superando Clinton en un uno por ciento.

Clinton aventaja a su contrincante por más de cuatro puntos en Colorado y Florida y está empatada con Trump en Carolina del Norte, otras encuestas señalan a Clinton con larga ventaja en otros lugares.

En Misisipi, Trump aventaja por dos puntos. Pero este juego de encuestas y sondeos pasa también por otro tamiz. El rasero de la moral.
Independientemente de lo que Hollywood nos arroje, el pueblo de los EE. UU. en un alto porcentaje es profundamente cristiano. (Aquí incluyo todas las denominaciones, desde bautistas, católicos, protestantes, etc.).

Una de las cosas que más impresionaba era ver los domingos desfilar a las familias completas, a sus iglesias, vestidas con sus mejores galas. En comunidades pequeñas como New London, New Hampshire, la cosa era más que espectacular. Las jóvenes con sus mejías rosadas como manzanas iban vírgenes a la boda. Esa gente que representa un gran sector de la población, está seriamente resentida con las políticas pro aborto de la actual administración Obama y más aún, con las posturas de la candidata Clinton.

Recientemente la señora Clinton ha asegurado que el niño por nacer no tiene derechos constitucionales. “Bueno, bajo nuestras leyes actualmente eso no es algo que exista”, dijo, y reiteró que “la persona no nacida no tiene derechos constitucionales”.

Para Mallory Quigley, directora de comunicaciones de la plataforma pro vida estadounidense Susan B. Anthony List, Clinton “está mostrando públicamente al lobby del aborto que ella respalda, el aborto a pedido y no apoya ninguna restricción”. “Es una completa contradicción decir que los no nacidos son personas, reconocerlos al llamarlos personas, pero insistir en que no tienen derechos constitucionales”, dijo Quigley. “Si reconoces que el bebé es una persona, entonces por supuesto que debería tener derechos constitucionales”.

El irrestricto apoyo de Hillary Clinton al matrimonio homosexual es otro de los puntos que la hace mal vista ante ese electorado conservador. Frases como: “Los americanos gays, lesbianas, transexuales y bisexuales son nuestros profesores, nuestros soldados, nuestros amigos y nuestros seres queridos”, no agradan a muchos. Entre un Donald Trump que se ha casado tres veces, con todas sus imprevisiones, pero que no defiende dichos valores y una experimentada política que asume los mismos, el dilema moral para los creyentes es: ¿Por quién voy a votar? ¿Cómo resolver esa angustiosa pregunta.

El autor es abogado.

Opinión Donald Trump Estados Unidos Hillary Clinton archivo

COMENTARIOS

  1. Edmund Dantes
    Hace 10 años

    Sigo siendo de la opinión que Pereira debiera enfocarse a los problemas nacionales en vez de los extranjeros

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