Karen Rappaccioli-Tunnermann

Tráfico humano, flagelo del siglo XXI

“Hoy quisiésemos otro amanecer”… dicen tantas víctimas de este flagelo. El aberrante tráfico humano… si tan solo fuese una pesadilla.

Desafortunadamente esta dantesca tribulación ha expandido sus infames tentáculos en un sinnúmero de avenidas.

Son muchas las historias de terror que acontecen en ciudades no solo en Latinoamérica, mas casi que en todo el mundo se esclavizan mujeres, quienes son vendidas al mejor postor. Inclusive no están seguras ni en su propio país, donde son coaccionadas y denigradas a este maleficio.

Otras son las miles de mujeres que emprenden viajes fuera de su país natal, para poder obtener un mejor nivel de vida. Quienes son vilmente engañadas desde que son supuestamente contratadas para trabajar en el sector “doméstico y turístico”.

Todo esto acontece a la vista y paciencia de tantos expectantes adormecidos por la falacia y avaricia. Recientemente en California se desarticuló una de las tantas nocivas bandas de tráfico humano (2,000 mujeres orientales), quienes eran timadas y sometidas.

También tenemos otro tipo de tráfico humano, el espeluznante tráfico de órganos, donde se pagan millones de dólares, por el intercambio y venta de la vida, siendo niños en la mayoría de los casos.

Mucho cuidado con las redes sociales, donde abundan amigos ficticios.

Por último no quisiese dejar de mencionar, el notorio tráfico humano de inmigrantes, sin ser menos cruel y abusivo que los previos.

Redes internacionales han formado estructuradas y maquiavélicas plataformas criminales de este nuevo método de embuste que incauta a miles de personas, quienes por falta de un adecuado sostén económico, caen presos en las garras de patrañas que ofrecen el espejismo del “sueño americano”.

Miles de inmigrantes son cautivos, se les vende la idea de ir a Estados Unidos, y llevar a feliz término un mejor nivel de vida. Lo que no se les dice es que el país de la meta, difícilmente les ofrecería opciones con los débiles, y rancios programas actuales de residencia. Hay once millones de inmigrantes ilegales residiendo en suelo estadounidense, muchos con hijos que son ciudadanos. Sin embargo siguen esperando que se resuelva su situación legal.

Además no todos los inmigrantes califican en el programa especial de “pies secos, pies mojados”. Es más, el país del norte se encuentra en una de sus más acérrimas crisis de desatinos para los inmigrantes.

Si bien es cierto para muchos inmigrantes su entorno económico no es el más favorable, pero por lo menos en sus propios países no son blanco de abusos, y no sufren los desmanes por ser ilegales.

Muchos son atraídos por los embustes que se les venden, y dejan sus respectivos países con niños, y algunas veces con mujeres embarazadas.

Quienes son “target” de cruentos abusos y vicisitudes, desafortunadamente sus deseos de progreso se convierten en drásticas angustias.

Hay que tener mucho cuidado de no caer en la trampa de grupos sin escrúpulos y fraudulentos, que solo buscan quitarles el dinero, dejándoles endeudados y en la zozobra.

El camino hacia el Norte no es fácil, está plagado de espinas de dolor y muerte. Tristemente se convierte en la “cueva del diablo”.

No nos equivoquemos, esto es mucho más complejo, es un fenómeno social y humano de dimensiones dramáticas.

Si realmente queremos ayudar a nuestros hermanos migrantes, víctimas de este tráfico humano, debemos canalizar la asistencia correctamente. Pueden contactar a la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) cuyas oficinas están localizadas en San José, Costa Rica http://costarica.iom.int/site/. Lo mismo que tenemos a la Organización de las Naciones Acnur. Ambas dirigen y coordinan la comunidad internacional para proteger y resolver los problemas para las personas refugiadas. http://www.acnur.org/. Estas organizaciones tienen que velar por ellos y por el orden de seguridad social de todos los países implicados.

Para estos grupos tienen que haber otras opciones, reubicación y capacitación en áreas que demanden su fuerza laboral, de una manera digna. Lo mismo que sus países de origen deben emprender fehacientemente programas socioeconómicos, para mejorar la calidad de vida de todos sus habitantes.

Los migrantes estamos aquí y allá, más el tráfico humano ha llegado a usurpar la línea que los define y los esclaviza ferozmente. ¡No te dejes engañar!

La autora es escritora/consultora.

Opinión
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