Los días de comer menos están llegando a la vida del tricampeón mundial Román “Chocolatito” González.
“Está comiendo sano, solo que en porciones pequeñas”, dice su preparador físico Wilmer Hernández desde el campamento en Big Bear, California, donde se agradeció al Cielo que el mejor peleador del mundo marcara 118.3 libras el martes.
Examinando con pinzas la preparación de Román, a estas alturas lo que ocurre tiene su punto de encuentro con las palabras planificadas que hace semanas dijo el entrenador Arnulfo Obando. “Para el 3 de septiembre, cuando bajemos a Los Ángeles, deberá estar en 117 libras”.
Sabidos todos que ahora la báscula exigirá menos de 115 libras y no menos de 112, los últimos sufrimientos de la categoría mosca están por terminar, no le mojarán más los labios con algodón ni aguantará hambre ni se parecerá a un enfermo que ha perdido el apetito. Ciertamente, el ascenso al nuevo peso resulta ahora una bendición.
“Está fuerte y rápido, así lo he visto en el mascoteo”, revela Hernández, quien, sin saberlo, anuncia con sus palabras el sentimiento que predomina en la concentración: estamos listos, solo esperando el día de la pelea.