Guillermo Areas Cabrera

Discusiones bizantinas

En el artículo editorial del Diario  LA PRENSA, edición del 5 de julio del 2016 y titulado La otra discusión bizantina, se refiere el editorialista repetidas veces al término “bizantino” el cual define como algo  “inútil y falto de sentido práctico”.

Esta expresión viene desde tiempos del Imperio Bizantino y se usa  cuando se produce una disputa apasionada sobre cuestiones que no tienen trascendencia alguna y a sabiendas de que de ahí no se podrán extraer conclusiones y además ninguna de las  partes dará su brazo a torcer en la  discusión.

Pero la expresión “discusiones bizantinas” designa a todo tipo de discusiones largas que enzarzan indefinidamente a sus participantes en largas diatribas sin sentido para el común de las personas, y sin que tales discusiones puedan resolverse jamás porque versan de cosas etéreas que nadie puede probar en un sentido u en otro. Pero, ¿por qué decimos bizantinas? Tiene una larga historia.

Las discusiones bizantinas eran disputas religiosas. Ya desde época de Constantino, el imperio romano oriental, en que el cristianismo era mucho más fuerte que en el occidental los cristianos estaban divididos en numerosas sectas, cada una de las cuales difería en puntos de la creencia. Detrás de todo ello también subyacían fuertes disputas de poder, pues la Iglesia de la época se dividió en patriarcados y cada patriarcado se acogía a una creencia creándose disputas teológicas que originaron una fuerte intervención de los emperadores para convocar Concilios, con objeto de poner acuerdo y nada menos que en Oriente se celebraron entre el siglo IV y VIII, ocho grandes concilios con el objetivo de unificar el dogma, sin lograrlo. Los concilios duraban  años de infinitas discusiones.

Las disputas se centraban en cosas tales como: ¿Cuál es el sexo de los ángeles?  ¿Es el Hijo de la misma sustancia que el Padre, o se trata de una sustancia similar? ¿Es el Hijo coeterno con Dios o no? ¿Cuál es la relación de Cristo con Dios Padre? ¿En qué sentido puede ser Dios el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, y aun así ser uno? etc.

En el siglo VII, los ciudadanos del Imperio Bizantino se habían convertido en teólogos aficionados. Cualquier tertulia podía degenerar en una acalorada discusión sobre la Trinidad o la naturaleza del Padre y del Hijo a tal punto que Constante II, emperador bizantino, emitió un edicto imperial, en el año 648 d.C. conocido como el “Typos (edicto) de Constante”, el cual hizo ilegal el discutir “de cualquier manera”, sobre si Cristo poseía una o dos naturalezas, o lo que fuera sobre otros temas parecidos. Declaró que toda  controversia religiosa debía ser olvidada

Hubo una gran variedad de penas aplicables a toda persona que desobedeciera el decreto imperial. Los obispos o empleados de la Iglesia eran depuestos, los monjes debían ser excomulgados, mientras que los funcionarios públicos u oficiales del ejército perderían su cargo. Los senadores privados de su rango senatorial y sus bienes serían confiscados. Finalmente, para la gran masa de la ciudadanía, los transgresores se enfrentarían a castigos corporales y al destierro de por vida.

Esto de discusiones bizantinas, me trae a la mente una discusión que tengo años de ver en televisión en los programas matutinos, de que si vamos bien o mal bajo el actual gobierno, a mi entender, discusión etérea difícil de probar por los participantes y además nadie da su brazo a torcer, pues quienes participan son poseedores de la verdad al mejor estilo bizantino.
Continuamos siendo el país más pobre del continente americano.

El autor es abogado y notario.

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí