beisbol

Enrique Oliú se ha ganado el respeto y admiración de los aficionados nicaragüenses al beisbol y a los big leaguer pinoleros. LA PRENSA/CORTESÍA/PRENSA RAY DE TAMPA BAY

Enrique Oliú, es un hombre inspiración

El nicaragüense Enrique Oliú, narrador en español para los Rays de Tampa Bay, sigue demostrando que las barreras físicas no son imbatibles.

Ricky Taveras, el pimentoso narrador dominicano de los Rays de Tampa Bay, de pronto se levanta de su asiento a medio inning y el comentarista nicaragüense Enrique Oliú queda solo al micrófono con la transmisión en vivo por radio y televisión para toda la comunidad latina que sigue al equipo. Tampoco está su esposa Debbie, que es sus ojos para alertarle de noticas o detalles curiosos en el juego.

Oliú es ciego de nacimiento, pero es capaz de ver la vida y el beisbol como muy pocos. Es una persona sonriente y feliz, que por los últimos 18 años ha sido comentarista de los Rays y que tiene un dominio impresionante del juego y las estadísticas. Es una computadora humana.

Antes de cada partido, su esposa Debbie le lee las notas de prensa. Repasan los line-ups y las estadísticas de cada jugador. Una sola leída es suficiente. Oliú tiene una gran memoria.

La transmisión de beisbol junto a Ricky es amena, sin descuidar los detalles del juego. Ambos tienen mucho carisma y conocimiento del deporte. Son veteranos en este negocio. Hablan frecuentemente de Nicaragua y son visitados en la cabina por aficionados de todas las edades que quieren compartir con ellos un momento.

Aprovechando la serie entre los Rays y los Royals de Kansas City, en la cual estaban involucrados dos de los tres bigleaguers nicaragüenses de la actualidad, Erasmo Ramírez y Cheslor Cuthbert, la Asociación de Cronistas Deportivos de Nicaragua (ACDN), entregó una placa en reconocimiento a la excelencia periodística de Oliú, quien sin lugar a dudas es motivo de inspiración y un ejemplo a seguir.

“Esto de la Orden Alexis Argüello y ahora el reconocimiento de la ACDN es algo que no me lo imaginaba. Uno trata de hacer las cosas lo mejor posible y que la gente de uno lo reconozca es tremendo, ¿cómo no me voy a sentir orgulloso?”, dijo Oliú, aun emocionado.

“Yo salí de Nicaragua a estudiar a Costa Rica en 1972 y no perdí contacto porque íbamos de vacaciones, así que me reconozcan y estar parado al lado de Erasmo y Cuthbert, quienes no tenían la necesidad de estar ahí conmigo en el terreno, fue algo que me gustó mucho, significa que uno ha hecho algo bien y que he tenido buenas relaciones con las personas, que después de todo es lo más importante para mí”, agregó Oliú, quien nació en Matagalpa.

MOTIVADOR NATURAL

El beisbol es solo una de varias facetas de Oliú, que también se desempeña en otras funciones, incluyendo la de motivador.

“Siempre he dicho, ¿por qué yo sí, por qué tú no? En cualquier rama o cualquier carrera, uno puede salir adelante, y si uno puede influenciar a la gente, es esencial, y mejor si lo puedo hacer desde este vehículo que tengo de comentarista deportivo”, apunta.

Oliú es sencillo y no admite que tiene una memoria prodigiosa. “En realidad es práctica, mucha práctica, porque cuando yo estaba creciendo no habían las computadoras y teléfonos de hoy en día que facilitan todo. Cuando llegué a la universidad tenía una máquina portátil y tenía que ver quien me leía las cosas para saber si estaba correcto lo que escribía. Tenía que preguntar dónde investigar físicamente las cosas y luego tenía que andar mis tarjetas de anotaciones en la memoria. Todo fue práctica, no se debe a que tenga una gran memoria”, asegura.

“Ahora tengo más libertad. No dependo de tanta gente. Como decimos en Nicaragua, si siento boludencia de tocar la pantalla, le hablo a la computadora del teléfono para que haga las cosas por mí. Con estos avances uno se ha vuelto haragán, si necesita algo solo tiene que preguntar, ya no tiene que pensar, ni fajarse para buscarlo, el arte del sentido común se ha perdido porque todo está relacionado con lo cibernético”, analiza.

PUEDE TRABAJAR SOLO

Sin Debbie ni Rick, Oliú puede tomar las riendas de la transmisión de los Rays. “Todo lo estudiado y lo que escucho, me sirven para desenvolverme, lo que hace el Sargento (Debbie) es alertarme de algo extraño que ocurra en el terreno o noticias que pasan porque bajo el volumen de mi teléfono durante las transmisiones. Por ejemplo, cuando Mark Kepler pego 3 jonrones, ella me lo informó”, explica Oliú su sistema de trabajo.

Oliú ríe mucho y vive sin límites. Ha montado bicicleta, manejado moto y todo lo que se la ha ocurrido o interesado.

“Los que me falta hacer es saltar de un avión y esquiar sobre nieve. Son las próximas cosas que quiero hacer, porque he hecho todo lo que me he propuesto, solo estoy buscando el tiempo para concretarlo”, asegura.

Cuando dice que no olvida sus raíces, lo dice en serio, al punto que está pendiente del beisbol nicaragüense y es fanático de los Indígenas de Matagalpa, de su ciudad de origen. “Recuerdo la época de ‘Tía Lipa’ Gonzalo López, Manny González, Gerardo Delgadillo y toda esa gente. Ahora sé que se están destacando jugadores como Wilfredo Amador y Berman Espinoza, él que tiró los 150 picheos en un juego”, ríe un poco más de normal, mientras la voz de playball en el Trpicana Fields se dio y es hora que Oliú transmita algo más que un partido, porque es capaz de animar y motivar a los fanáticos.

SARGENTO

Debbie Perry es la esposa de Enrique Oliú y su mano derecha en todas sus actividades.
Oliú llama Sargento a Debbie, porque en realidad fue sargento de la fuerza aérea del ejército.

“Ella es militar de cabo a rabo, pero buena gente. Le gustan las cosas planeadas, con sentido, está pendiente de la transmisión, de los anuncios y está encima de todo”, asegura Oliú.

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COMENTARIOS

  1. Josefa Castrillo Bojorge
    Hace 10 años

    Excelente ejemplo para todas y todos y todas las generaciones.

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