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Fernando Centeno Chiong

Con paciencia de Job

Para muchos investigadores de las Sagradas Escrituras, la historia de Job es una de las más interesantes, hermosas y humanas y refleja la fe, la perseverancia, la paciencia y el sufrimiento del hombre frente al maligno.

Monseñor Silvio Báez en uno de sus escritos afirma que el libro de Job constituye una de las mayores obras literarias teológicas de la humanidad, y el escritor Francisco Bautista Lara dice que para muchos historiadores Job representa no solo el sufrimiento del hombre, sino de todos los pueblos y en todos los tiempos.

Por algo Job se pregunta “por qué un Dios tan bueno permite que tales cosas  terribles sucedan a alguien… ¿por qué yo Señor?”.
Mucho escuchamos en el sentir de muchos hijos de este pueblo un reclamo:  ¿Por qué tanto sufrimiento? ¿Qué hemos hecho para  merecer este castigo? ¿Por qué nosotros Señor?

Pocas naciones como la nuestra han sido sometidas a tantas pruebas no solo naturales como terremotos, sequías, maremotos, huracanes y sequías, sino otras no menos trágicas como  guerras y sus secuelas que marcan la vida de miles de sus hijos, o la eterna corrupción con su lastre de nepotismo, enriquecimiento, oportunismo, zancudismo, con dictaduras de derecha e izquierda que aun provocan profundos daños al deteriorado cuerpo de este país.

Cuando leemos a Job, nos preguntamos, a ¿cuántas pruebas más está enfrentando el Señor a un pueblo flagelado con tanta desgracia?
¿Estará probando esa paciencia producto en la fe inquebrantable en la superioridad de un ser con la esperanza de ser recompensados?
“Porqué te ensañas conmigo… acaso yo soy una carga…” pregunta Job  al saber que ha perdido su familia, su salud, y sus bienes, poniendo a prueba la obediencia y la fe.
¿No son pruebas, por ejemplo, recordar hace un año cómo policías disparaban a matar contra una indefensa familia dizque por equivocación, derramando sangre inocente que aún yace fresca  en el alma de un pueblo?

¿O permitir que un grupo de vándalos  y delincuentes  despojen a ciudadano de sus bienes frente a las propias narices de esta fuerza pública solo porque ejercían sus derechos?
¿No es una prueba permitir que con una aberración jurídica se le otorgó a un extranjero el derecho a partir el territorio para quedarse con lo mejor?
¿O no es una prueba conocer cómo día a día salpican los casos de corrupción desde los más alto hasta los más bajos en un mar de impunidad, mientras hay pacientes que esperan largas horas en los hospitales para recibir analgésicos baratos o conocer  historias como la  de  una humilde campesina que murió de dengue porque no tuvo dinero para llegar al hospital?

¿O no cala en el sufrimiento de un pueblo observar que en territorio miskito a diario se tiñe de sangre en defensa de sus tierras ante el paso desalmado de los explotadores?

Y más recientemente ¿no es probar nuestra paciencia, despojar del hermoso derecho del sufragio universal a un pueblo que tanto ha luchado por ello?

Cuando los historiadores comparan el sufrimiento de Job con el dolor de los hombres y los pueblos, no puedo dejar de pensar en los nicaragüenses cada vez mas abusados de su paciencia, esperando si aún faltan más retos para poner a prueba su fe, mientras sus hijos se hunden en la miseria, sin trabajo y emigrando mientras un grupo privilegiado al amparo del poder se enriquece cada día más.

Quizás Job con sabiduría tiene la respuesta cuando advierte a esta élite que: “Desnudo saldré del vientre de mi madre y desnudo volveré allá…”

El autor es abogado y periodista.

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