A propósito de su primer centenario de existencia en Nicaragua, la educación recibida en el Colegio Centro América (CCA) fue integral y combinó adecuadamente la preparación humanística con la científica, lo que unido a la calidad y a la entrega de los profesores laicos y maestros jesuitas, haciendo del CCA un centro de estudios humanístico y científico de calidad internacional. Inolvidables fueron los experimentos científicos del padre Astorqui en ciencias naturales, al igual que las excelentes clases de matemáticas del padre Amezola, junto con la clase de física del profesor René Arce. Todo ello combinado con la humanística formación sociológica y filosófica del padre Cuadra, algunos de ellos ausentes físicamente, pero vivos aun en nuestra mente, alma y corazón, ya que las huellas de nuestro paso por el CCA son imborrables durante toda la vida.
Desde primaria iniciamos a conocer el imaginario, realista e infinito mundo de la literatura de la mano de nuestro recordado profesor Francisco José Arellano Oviedo, para luego continuar en secundaria conociendo y reconociendo la pluma de autores nacionales e internacionales con el inolvidable profesor Mendieta.
Sin embargo, nuestros principales y más importantes maestros fueron nuestros propios compañeros de clases, en una época que convulsionó a toda Nicaragua (años 80), lo que hizo de nosotros unas personas constantemente preocupadas por lo que pasaba fuera y dentro de nuestras aulas de clases, haciendo de nosotros unos jóvenes interesados en el desarrollo económico, social y político de nuestro país, sentimiento que todavía permanece en nosotros.
Fuimos testigos de cómo la educación de calidad cambia vidas. Nuestra generación (promoción 82), fue la primera en recibir a los mejores alumnos de las escuelas no privadas de toda Managua. Ahora ellos son personas académicamente bien formadas, con un nivel de vida superior, que aportan desde diversos ámbitos de su actuar político, económico, social y empresarial al desarrollo de nuestro país.
Ahora son ejemplo de padres, hermanos, hijos y amigos.
Son científicos, académicos, empresarios, funcionarios públicos, líderes de opinión y sacerdote, que nos enseñaron lo que es capaz de hacer la ambición y el trabajo bien encaminado, junto con una educación de calidad, en la vida de un ser humano. Ahora superan con creces, en ocasiones, el nivel económico y académico de alguno de los que iniciamos desde kínder nuestra formación en el CCA (cinco alumnos en la promoción del 82).
Fue así como crecimos como seres humanos en la diversidad. El CCA nos permitió relacionarnos con compañeros de diversas clases sociales, diversos orígenes geográficos, con distintas ideologías políticas y religiosas. Esto contribuyó al libre pensamiento que todavía permanece en nosotros. A diario discutíamos y defendíamos cívicamente nuestras distintas posiciones ideológicas, sociales y económicas, al mismo tiempo de recibir una educación de primera categoría.
Los valores cristianos nos los inculcaron con el ejemplo y el espíritu de servicio cada uno de nuestros profesores, laicos y jesuitas. Nuestro carácter fue forjado gracias a las eternos encuentros y desencuentros provocados en el marco de una sociedad que cambió nuestras vidas de manera inexorable e irreversible, haciéndonos más sensibles a las realidades sociales de nuestro país, lo que hizo de nosotros unos seres humanos ávidos de noticias y de la formación necesaria para triunfar en nuestras vidas. Entendiendo como triunfo, la realización como seres humanos.
Somos la heroica generación del 82, la que experimentó la caída de un régimen político en 1979, la que alfabetizó, experimentó una guerra fratricida y en algunos casos se exilió en los ochenta y que vio nacer la democracia en los noventa. Somos una generación que sufrió divisiones sociales, económicas e ideológicas, pero que nunca dejó de estar unida gracias a la educación recibida en el CCA. Somos una generación de triunfadores que lucha a diario por transmitir desde los diversos ámbitos de nuestra vida la solidaridad, humanismo, libre pensamiento y cristianismo recibido desde las aulas de clases de nuestro querido e inolvidable Colegio Centro América.
El autor es economista. Forma parte de la promoción de 1982 del CCA.