El responsable de asuntos latinoamericanos del Ministerio de Asuntos Exteriores de la Federación de Rusia, Alexander Schetinin, ha llevado de nuevo al debate público el tema de los tanques y otras armas rusas que está adquiriendo el gobierno de Nicaragua.
Schetinin dijo a la agencia oficial rusa de noticias, Ria Novosti, que Rusia aprecia a América Latina “como un continente de paz y estabilidad” y no tiene interés en romper el equilibrio de fuerzas que existe allí, incluido el militar. Y señaló que el tema de las armas rusas que está adquiriendo Nicaragua se ha puesto a discusión porque en este país habrá elecciones próximamente y “alguien” —a quien no identificó— “tiene muchas ganas de influir en el ánimo de los nicaragüenses antes de la votación” y de “influir en la relación de otros (países) centroamericanos con el gobierno de Ortega”.
La declaración del funcionario ruso es contradictoria, por decirlo de manera diplomática. No se contribuye a la paz, la estabilidad y el mantenimiento del equilibrio de fuerzas militares en Centroamérica, suministrando armamento nuevo y más moderno y mortífero a uno de los países del área, precisamente a Nicaragua, cuyo gobierno tiene conflictos con sus vecinos y es un aliado estratégico de Rusia en América Central.
El presidente de Costa Rica, Luis Guillermo Solís, y su canciller Manuel González, han criticado el fortalecimiento militar de Nicaragua con armas rusas, que lo ven como muestra de “una creciente militarización en Centroamérica”. Por su parte, los expertos nicaragüenses en temas de seguridad y defensa, Roberto Sancam y Roberto Orozco, en declaraciones a este diario LA PRENSA han coincidido en que la adquisición de más armas rusas, por parte del gobierno de Nicaragua, en realidad rompe el equilibrio que se ha establecido en acuerdos suscritos con otros países del istmo para garantizar la paz firme y duradera en la región.
La adquisición de las nuevas armas rusas también es criticada porque son absolutamente innecesarias. Nicaragua no está en guerra con nadie, ese armamento no es útil para la lucha contra el crimen organizado, solo puede servir para intimidar a la oposición política interna y en todo caso es un derroche de recursos económicos que deberían dedicarse a resolver muchos problemas sociales que persisten y se agravan.
Estando Nicaragua en paz, interna y exterior, no hay nada que justifique la adquisición de más armas procedentes de Rusia o de cualquiera otra parte. La única explicación sería el delirio de grandeza del dictador, el interés de intimidar a la oposición interna o porque se quiere convertir a Nicaragua, otra vez en un emplazamiento estratégico de Rusia en América Central.
Esto sería un juego político irresponsable y muy peligroso para Nicaragua que se colocaría otra vez en la mira de un grave conflicto internacional. Algo parecido a lo que ocurrió en los años ochenta cuando el régimen sandinista involucró al país en el conflicto de las grandes potencias por la hegemonía mundial.