Matando al “símbolo de la vida”

El lunes de esta   semana se dio a conocer   que en el primer semestre del presente año,  se perpetraron  en Nicaragua 34 feminicidios, o sea mujeres asesinadas por ser del sexo femenino.

El dato no es oficial, de las autoridades policiales y judiciales del país,  sino que fue proporcionado por la organización no gubernamental Católicas por el Derecho a Decidir, la cual  lleva un registro minucioso de los feminicidios y en general de los hechos  de  violencia contra la mujer, basado en las informaciones de los medios de comunicación social.
La cantidad de feminicidios en el primer semestre del corriente año es igual a la del mismo período de 2015. Sin embargo, aunque numéricamente la   estadística no aumentó en ese lapso, debería ser alarmante para toda la sociedad el hecho de que la incidencia de tan   odiosa criminalidad se mantenga  constante, en vez de disminuir.

Se estima que el feminicidio y en general la violencia contra la mujer,  es   uno de los crímenes más comunes de la actualidad, pero también  de los más oprobiosos. Según datos de  organismos internacionales,  el 21 por ciento de las muertes de mujeres en todo el mundo se debe a la violencia de sexo. Estudios de las Naciones Unidas revelan que el 70 por ciento de las mujeres sufren de violencia al menos una vez en su vida. Por citar el dato de un año en particular, en el 2012 casi la mitad (el 47 por ciento) de todas las mujeres víctimas de feminicidio,  fueron asesinadas por sus esposos, cónyuges, novios, compañeros íntimos o familiares.

Ante esta escalofriante estadística,   el papa Francisco dijo en un discurso pronunciado el 7 de febrero del año pasado,  que “el símbolo de la vida, el cuerpo femenino a menudo es agredido y desfigurado incluso por quienes deberían ser sus custodios y compañeros de vida”. Y después de condenar fuertemente el feminicidio,   el papa llamó a poner la atención  en la situación dolorosa que sufren las mujeres más pobres de la sociedad, “obligadas a vivir en condiciones de peligro, de explotación, relegadas al margen de las sociedades y convertidas en una cultura de descarte”.

En la actualidad se hacen  muchos estudios para  identificar las causas y a los culpables institucionales y sociales del feminicidio. Sin embargo lo  más importante     es actuar para erradicarlo, o al menos para reducirlo.

Es obvio que si las causas principales del feminicidio radican en la persistencia del machismo, la disminución de la religiosidad, el debilitamiento de la institución familiar, la falta de educación en valores y cultura cívica, la banalización de la vida social y el culto mediático a la violencia, entonces en la lucha por erradicar o disminuir esta vergonzosa lacra social se deben concertar los esfuerzos del Estado, la Iglesia católica y demás instituciones religiosas,  partidos políticos, organizaciones de la sociedad civil y  medios de comunicación.

Y ante todo se debe promover el reconocimiento social e individual a la dignidad femenina en todas sus dimensiones, el respeto al “símbolo de la vida” que es la mujer y el castigo sin contemplaciones  a quienes  cometen feminicidio y cualquier clase de violencia contra la mujer.

Editorial Femicidios Nicaragua archivo
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