La juez Carol Urbina Medrano, del Juzgado de Distrito Penal de Audiencias Especializado en Violencia en el municipio de Diriamba, sentenció a 15 años de prisión por violación agravada a Juan Carlos Muñoz, del Laboratorio Elizabeth, a Claudia Arteaga y a Milagro Tapia.
Tapándose el rostro, los tres acusados se bajaron de la patrulla y entraron rápidamente a la sala de juicio. Los familiares y amigos de estos desde la calle empezaron a aplaudir y a manifestar que apelarían a la sentencia.
Mientras que la otra parte que apoyaba a la víctima de iniciales A.M.P.M. esperaba tranquilamente desde la acera del juzgado.
APELARÁN
Hermes Sevilla, abogado defensor de Muñoz y Arteaga, había declarado previamente que independientemente de los años que les dieran a sus clientes, apelarían a la sentencia dictada por la juez Urbina.
“El proceso está plagado, en primera instancia, porque no hay denuncia en el expediente, segundo no hay recibo de ocupación de las fotos donde supuestamente se sustentan, no hay inspección ocular en la escena del crimen, entonces si es el lugar donde inicia todo proceso lógicamente eso va a tener sus resultados en apelación” señaló Sevilla.
Esta defensa en todo el proceso de juicio había presentado a cuatro testigos y cinco pruebas documentales, mientras que el Ministerio Público doce pruebas, entre testificales y peritos.
HECHOS
La víctima relató que ella trabajaba en la clínica lavando algunos cristales y que el laboratorista le pagaba cien córdobas al día.
“La primera vez que sucedió esto, él (el laboratorista) me agarró y me pegó cachetadas para que yo me dejara, pero con la fuerzas de las dos mujeres que me tenían agarrada, no pude hacer nada” sentenció la muchacha actualmente de 18 años.
Agregó que las mujeres comúnmente le introducían los dedos en su vagina, pero que una vez le metieron un tubo de laboratorio, la besaban en todo su cuerpo, pero que también le practicaban el sexo oral, mientras el laboratorista la penetraba.
Señaló que después de cada acto sexual, las mujeres y Muñoz le daban siempre pastillas, desconociendo los motivos.
Aseguró que en la clínica donde era supuestamente abusada, Muñoz tomaba videos y fotos que luego distribuyó vía telefónica a amigos de ella con el fin de desprestigiarla.
SILENCIO POR PRESIÓN
La víctima relató que todo empezó en febrero del año 2014, cuando tenía apenas 16 años y que los actos de violación continuaron hasta por un periodo de diez meses.
Explicó que no rompía el silencio, porque siempre los supuestos agresores, la mantenían bajo amenaza, “ellos me amenazaban que si yo hablaba, le iban a enseñar las fotos a mi papá que se encontraba enfermo y me preguntaban si me gustaría verlo muerto”, declaró la joven en juicio.