Es evidente que en Nicaragua, entre otras cosas, se atraviesa por una crisis de la política, lo que implica una crisis de los sujetos que actúan en ese campo, como son las instituciones estatales y gubernamentales, la ciudadanía, los partidos políticos y los planteamientos estratégicos.
Esta situación debe ser atendida con la seriedad que amerita, pues de no encontrar y aplicar las alternativas correspondientes, se continuará en ese círculo vicioso que como la bicicleta estacionaria gira pero no avanza. De ser así se verá a través de la historia la continuidad de lo que ya se ha visto, y se diseñará el futuro mirando retrospectivamente al pasado.
Es necesaria una reflexión colectiva y de fondo que sea capaz de identificar las causas de este problema y de proponer las opciones para superarlo. De lo contrario las sucesivas generaciones de nicaragüenses se verán enfrentadas a los mismos problemas que se padecen hoy, que en buena parte son la reproducción de los que se padecieron ayer.
Es claro, y no se puede ni se debe ignorar, que hay conflictos inmediatos y urgentes que deben ser atendidos con la prontitud que exigen, pero eso no excluye la necesidad imperativa de prestar atención como corresponda a las dificultades estructurales que gravitan en nuestra realidad desde hace mucho tiempo.
La sola visión y acción inmediata que prescinde de la consideración global y estratégica, conduce a recorrer indefinidamente el mismo camino que nos lleva a la confrontación o a la confabulación, a la autocracia o a la “democracia de baja intensidad”, al facto o al pacto, camino en el que se alternan la violencia y el enfrentamiento en sus diferentes formas y expresiones, y la indiferencia y la apatía, que es otro de los momentos por los que atraviesa y ha atravesado el comportamiento político en nuestro país.
Si observamos la situación actual, junto a la crisis que plantea la incertidumbre electoral, se presenta la fragmentación de los partidos políticos; el enfrentamiento entre ellos; la pugna por los eventuales cargos públicos que podrían desempeñar a raíz de las próximas elecciones de noviembre; y junto a esos aspectos inmediatos, coexisten los temas estructurales, tales como la ausencia de una propuesta estratégica, de un proyecto de nación, de una definición de los nexos entre lo táctico y lo estratégico, lo coyuntural y lo estructural, para mencionar algunos de los aspectos más visible de la crisis presente.
Pienso fundamental señalar, que si bien la ausencia de la democracia y el establecimiento de diversas formas de absolutismo, son responsabilidad principal de quienes ejercen el poder de manera autoritaria, no puede dejarse de lado la responsabilidad de los partidos políticos y de la sociedad en general, pues fundamentalmente, la democracia es construcción de la sociedad y de ella depende la forma en la que el gobierno administre el poder.
Lo anterior no se refiere exclusivamente a la necesaria reacción frente a los abusos de su ejercicio totalitario, sino básicamente, a la participación efectiva en la formación de una conciencia colectiva, la participación en la construcción de políticas públicas y sociales, y en las distintas formas de actuación de la ciudadanía.
Creo que estos puntos son fundamentales para analizar estratégicamente y en ejercicio de un auténtico pensamiento crítico, la democracia en nuestro tiempo y en nuestro país. Es imprescindible volver los ojos a la sociedad civil, no solo para reivindicar sus derechos, sino sobre todo, para precisar sus deberes y obligaciones en la construcción democrática. En parte la ausencia de una adecuada participación ciudadana ha impedido la necesaria contribución en la solución de los problemas cuya presencia recurrente constituyen una característica en Nicaragua.
Es necesario, junto a la revitalización de los partidos políticos, sus contenidos y propuestas ideológicas y sus planteamientos tácticos y estratégicos, pensar en el papel fundamental que en la construcción de la democracia tienen las diferentes organizaciones de la sociedad civil y el derecho y sobre todo el deber de participación de la ciudadanía en la construcción económica, social y política de Nicaragua.
Conviene señalar que cuando hablamos de la sociedad civil, pensamos en organizaciones no gubernamentales, cooperativas, sindicales, empresariales, autogestionarias, juveniles, femeninas, ecológicas, entre otras, cuya labor hay que apoyar para ampliar el “espacio público no estatal”. En consecuencia, hay que considerar estratégicamente cómo establecer la institucionalidad y el Estado de Derecho, y a la vez, cómo “democratizar la democracia”, mediante la presencia cada vez más efectiva de estos sectores de la vida nacional.
La situación en Nicaragua se encuentra ante la necesidad del rechazo a cualquier forma vertical de pensamiento o de acción, proveniente del Estado o del partido político, y exige el surgimiento de una nueva misión de la política, a partir de la participación cada vez mayor de la ciudadanía y de las diferentes organizaciones de la sociedad civil, con intereses a la vez puntuales y universales y que, por lo mismo deben contribuir a operar las transformaciones necesarias en el Estado, los partidos políticos y el ejercicio de la política en general.
Todas estas expresiones de la ciudadanía y la sociedad civil, sin perjuicio de sus identidades particulares, convergen en una plataforma común entre cuyos contenidos pueden mencionarse: la reivindicación de la democracia en la toma de decisiones; la reafirmación de la libertad y la pluralidad; el reconocimiento de sus diferencias como algo no solo inevitable sino deseable; y la lucha por la justicia social, entre otros valores de común reivindicación.
Se trata de fortalecer estos actores sociales, como auténtica alternativa para la democratización efectiva, y para recomponer la función del Estado y el ejercicio del poder a partir de esa realidad que contribuyen a construir.
Es fundamental, por tanto, la elaboración de un proyecto de nación, formado por la convergencia de esos sectores mencionados: el Estado, los partidos y los movimientos políticos y sociales, sustentados sobre las bases de la democracia, pluralismo, libertad, alternabilidad en el poder, y participación de todos en las grandes decisiones nacionales. Frente a la uniformidad del poder autoritario, se debe oponer como alternativa política, la unidad en la diversidad, la convergencia y el proyecto de nación.
La democracia exige que los sujetos sociales participen en su construcción, pues ella no consiste únicamente en el respeto a la ley y en la realización de elecciones libres y transparentes, sin duda condiciones esenciales de su existencia, sino, además, en la presencia de la ciudadanía y la sociedad civil en el proceso de su elaboración, consolidación y desarrollo. El mantenimiento de la democracia no es una obligación que corresponde únicamente al Estado, aunque ello es imprescindible, sino un derecho, y sobre todo un deber de la ciudadanía, en tanto sujeto principal de su naturaleza y funcionamiento.
El autor es jurista y filósofo nicaragüense.