¿Es usted lector, pragmático resignado (PR)? Posiblemente sí; por ser común entre los nicaragüenses, pero quizás no, porque siempre hay excepciones. Para ver hasta qué punto uno lo es, examinemos el concepto. Este fue acuñado por el científico social nicaragüense Andrés Pérez Baltodano, hoy catedrático en Canadá. Se define como la tendencia a conformarse con la realidad circundante, buscando adaptarse a ella sin voluntad de cambiarla.
Una de sus fuentes es considerar el entorno socio político como algo determinado por fuerzas poderosas, ajenas a nuestro control. La otra suele ser la búsqueda de comodidad o la cobardía; el preferir acomodarse a lo que existe —aunque sea injusto y objetable— en lugar de combatirlo.
El PR, en cierta forma, es “vivo” o astuto. “¿Para qué fregarse?”, se dice; “el que se mete a redentor muere crucificado”, “mejor nado con la corriente y trato de sacar las máximas ventajas”. En cierta forma, es también un poco amoral. No es que sea malo o inmoral, sino que suspende los juicios morales sobre su actuación o la actuación de otros, tendiendo a creer que lo bueno es lo eficaz; lo que produce resultados prácticos favorables.
El PR siente cierto desdén por los principios y suele criticar a las personas que los esgrimen, considerándolas ilusas o hipócritas. Su visión de los demás es con frecuencia pesimista o cínica. Cree, o prefiere creer, que todos los demás son igualmente desprovistos de valores. Tampoco tiende a creer en los cambios. “Al fin de cuentas”, se dice, “todo vuelve a ser igual; todo se repite”.
El PR suele albergar al mismo tiempo una visión positiva de sí mismo: tiende a considerarse “realista”, conceptuándose como la persona seria y sensata que tiene los pies bien puestos sobre la tierra. Considera que en política uno no debe guiarse por principios, por una ética o una filosofía, sino por lo que funciona. Sus posibles éxitos, económicos o profesionales, le sirven, a veces, como prueba de lo acertado de su conducta.
Puede que usted se identifique o no con este síndrome. En todo caso, según Pérez Baltodano, este ha sido recurrente en el comportamiento político de las élites nicaragüenses, y ha causado un gran mal; porque se ha convertido, de hecho, en cómplice de dictaduras, capitulaciones indignas, y múltiples injusticias. Posiblemente tenga razón. Tanto a nivel individual, como social, el pragmatismo resignado no es un factor de cambio, sino de acomodamiento.
Las personas mejoran cuando, inconformes con su conducta, deciden luchar contra sus defectos. Conformarse con ellos estanca. Igual pasa con las naciones: las que han superado situaciones lamentables han tenido la fortuna de albergar no conformistas que un día hicieron considerables esfuerzos, y asumieron riesgos, por mejorar sus instituciones, costumbres y gobiernos. Si toda la humanidad hubiese sido siempre PR, estaríamos aún en la edad de piedra.
La alternativa al pragmatismo resignado no es el idealismo ingenuo, sino la astucia al servicio del bien; el inconformismo prudente. Este sopesa cuidadosamente las circunstancias antes de actuar, a fin de evitar precipitaciones y asegurar su efectividad. Se parece al pragmatismo, en cuanto ve los escollos con realismo, pero se diferencia de él en cuanto que no pacta con ellos. Su nota distintiva es que no usa como criterio para decidir sus acciones lo que le es más conveniente o ganancioso, sino lo que es bueno y correcto —aunque sabe hacerlo con inteligencia y en el momento preciso—. El apóstol Pablo lo resumió así: “No os conforméis a este mundo, sino transformaos mediante la renovación de vuestra mente, para que verifiquéis cuál es la voluntad de Dios: lo que es bueno, aceptable y perfecto”.
El autor fue ministro de Educación en el gobierno de doña Violeta Barrios de Chamorro.
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