Educar, instruir y enriquecer el aprendizaje de los niños es la labor que todo docente realiza en su aula de clases, esta educación que se brinda a la niñez debe ser integral con el propósito de educar y preparar al niño para la vida sin aislarlo de la realidad y la naturaleza que tiene a su alrededor.
Un factor fundamental para lograr una buena educación es sin duda la pedagogía de la ternura que consiste en demostrar afecto al estudiante, debe estar presente en todo momento siendo muy importante el papel del docente en la construcción del autoestima positiva que se quiere formar en el nuevo ciudadano.
Es impresionante como muchos docentes todavía aplican el autoritarismo actuando con prepotencia, oprimiendo al estudiante logrando de esta forma que este abandone la escuela o permanezca contra su voluntad donde no se le brinda la oportunidad de demostrar que puede salir adelante.
Muchos docentes equivocadamente piensan que al tener un mayor número de estudiantes reprobados es porque son los mejores maestros etiquetando al niño y niña como malos estudiantes sin ni siquiera detenerse a identificar cuál es su problema de aprendizaje.
Cuando se aplica en el aula la pedagogía de la ternura se estrechan lazos de amistad entre los niños y su docente, se crea un ambiente de confianza donde pueden decir qué les afecta, qué les gusta y qué no les parece, de esta forma el docente se convierte en un amigo que le ayuda a superar sus miedos e inseguridades.
Con la pedagogía de la ternura el niño es considerado una persona que necesita afecto y no un número más en la lista, es un individuo en formación para vivir y saber convivir y no una cifra numérica.
Está comprobado que los niños imitan a las personas más significativas en su vida, a sus padres, a sus maestros con quienes conviven alrededor de treinta horas por semana, el papel del docente es vital como ejemplo a seguir, esperemos pues que el maestro tome conciencia de lo importante que es educar con ternura y fomentar la integridad personal de sus estudiantes.