TURISTAS ELECTORALES
Los acompañantes que traerá don Roberto Rivas para las próximas votaciones nos podrán decir con propiedad que tal está el filete que se sirve en tal o cual restaurante nicaragüense o disertar sobre las virtudes del ron o las cervezas locales. Agradeceremos sus comentarios. Podrán comentar de lo bueno o malo de los quesillos de Nagarote o las güirilas de Sébaco, o a lo mejor podrán hacer recomendaciones a extranjeros sobre si es mejor ir a San Juan del Sur o a Corn Island, pero de ahí a que esto señores vayan a certificar como limpias o sucias unas elecciones mientras hacen su tour con gastos pagados, es una falacia que no podemos aceptar. Como turistas, ¡bienvenidos! Como observadores electorales, por favor, un poco de vergüenza.
TESTIGO “MASAYA”
¡Pero qué va! No han ni desempacado y ya están pagando los filetes que se van a comer. ¿No me creen? Miren nomás lo que dijo a un medio oficialista el uruguayo doctor Wilfredo Penco, uno de los “acompañantes” del señor Roberto Rivas, sobre las autoridades electorales nicaragüenses: “Están dando las garantías necesarias para que el proceso electoral se realice con integridad y con transparencia”. ¡Santo Dios! ¿Qué proceso está viendo este señor?
PERRO COME HUEVOS
Este Consejo Supremo Electoral, que el señor Penco ve dando “las garantía necesarias”, le da al voto de los ciudadanos la misma importancia que le dio a las observaciones que hicieron los partidos políticos sobre el calendario electoral. Así como amablemente invitó a los partidos políticos que enviaran sus observaciones para luego tirarlas a la basura sin siquiera leerlas porque ya tenía en imprenta el calendario a su medida, así igualmente nos invitará a votar, a participar en “la fiesta cívica”, para luego tirar nuestros votos al inodoro y leer como decisión final los resultados que desde ahora tiene en su gaveta.
OBSERVACIÓN ELECTORAL
Si vamos a creerle a las encuestas, en el tema de la observación electoral hay un consenso casi total entre los nicaragüenses. La oposición, ciertamente, pide observación. Pero no solo ellos. La Iglesia católica pide observación. El Cosep pide observación. Hasta los orteguistas parecen estar de acuerdo con que las elecciones sean observadas por terceros que puedan dar fe de los resultados. Conozco a varios simpatizantes del gobierno que se sienten frustrados porque Ortega, teniendo todas las de ganar, sintiéndose el tigre suelto de la montaña, insista que solo habrá competencia si le amarran un poco más fuerte al burro que quiera enfrentársele. Estos simpatizantes del oficialismo sienten que con esa inexplicable cobardía le están robando al Frente Sandinista la certeza de decir con orgullo que esta vez ganaron limpiamente, sin trucos, sin trampas y con algo más de garantía que la desacreditada palabra de Roberto Rivas.
LA CLAQUE
La observación electoral que contempla la ley no es para que la autoridad electoral o el partido de gobierno se sientan a gusto, sino al contrario, son para que se sientan a gusto quienes compiten contra ellos y sobre todo, que se sientan a gusto los ciudadanos que llegarán a escoger a sus candidatos. Esos turistas electorales que trae don Roberto Rivas no son garantía de nada. Al contrario, son parte de la trampa. Son una claque. Unos aplaudidores importados.
JUEGO SUCIO
Algunos dicen que qué sentido tiene solicitar observación electoral, entre otras garantías, cuando frente al comandante Ortega, el “tigre suelto”, está una oposición política que con dificultad se sostiene en pie, o sea “el burro amarrado”. Precisamente, el estado calamitoso de esta oposición es consecuencia directa de la falta de garantías para una contienda justa y transparente. Y por eso el comandante pide que le soquen más al burro. Tiene miedo. Tiene miedo que una cuerda quede media suelta y le salga la venada careta. Tiene miedo que cuando haya jueces que cuenten los votos y observadores que certifiquen que la votación fue correcta aparezca la verdadera oposición que no existe ahora. Tiene miedo que el burro le gane al tigre como en 1990. Tiene miedo que en unas elecciones con garantías mínimas los ciudadanos se entusiasmen creyendo que pueden elegir a quien ellos quieran, incluso a alguien distinto al comandante. Y eso explica por qué teniendo ahora todas las de ganar, escoge nuevamente el juego sucio para ganar sobre seguro.