Suscribí el Manifiesto de los 27, acompañando a personalidades de méritos y credibilidad. Un documento que, sin apasionamientos, señala la realidad nacional, los retos y peligros que enfrentamos, advirtiendo que la salida a la división y la amenazante violencia pasa, entre otros requisitos, mediante elecciones libres, honestas, observadas y el monitoreo del proceso.
La pregunta es natural: ¿cómo es posible que 27 nicaragüenses de diferentes ideologías y tendencias, algunos afiliados a partidos políticos y otros independientes, hemos sido capaces en lograr un acuerdo que posibilita incluir nuestro nombre junto con los demás? La respuesta es sencilla: dejando a un lado lo que no es fundamental y enfocándonos en el común denominador que no es otro que la búsqueda de la paz, la libertad, la democracia y el Estado de Derecho para nuestro país. ¿Acaso no es lo que todos deberíamos hacer, sin afanes protagónicos ni agendas ocultas?
Los del grupo de los 27 hacemos un llamado a la población en general, al Gobierno, poderes del Estado, a la oposición y hasta organismos internacionales, a hacer su parte para volver el país al cauce del orden, el respeto a las leyes y la institucionalidad; que la razón no continúe escapándose en dirección a la cloaca más cercana. Es un rotundo no al pasado, no a la guerra, no a la represión, no a la dictadura, no a la corrupción, no a la mentira y el acomodamiento.
En el vacío que el país vive, con pugnas partidarias de politiqueros zancudos pretendiendo prevalecer y arrinconar a la población, donde los queridos obispos no han logrado emitir una Carta Pastoral conjunta tan necesitada, padeciendo un Gobierno sin visión que entre otros asuntos nos empuja a la nueva Guerra Fría, los firmantes del manifiesto —vale decirlo con absoluta claridad— servimos de ejemplo, aunque a algunos no les agrade. Por la nación, vea usted, es posible unirse sin aspavientos ni lloriqueos.
¿Por qué firmó fulano y no perencejo? ¿Por qué incluyeron a mengano y a zutano? Que todos son conocidos. Que muchos hombres y menos mujeres. Que si destacan personas mayores y no jóvenes… Esos son las críticas que los mensajeros del oficialismo han esgrimido. Pero ni una palabra sobre el contenido dNel documento, la realidad nacional, los hechos, los datos, el fulminante paralelismo con la época de A. Somoza D. y el primer Manifiesto de otros 27 en 1974.
Algunos han dicho que los que tenemos 50 años o más somos culpables de lo que ocurre hoy. Eso es evadir cobardemente la cuota de responsabilidad personal. En nuestra historia los ladrones, los vivianes, los dictadores y sus séquitos, tienen nombres y apellidos. Masificar no sirve.
El grupo de los 27 ha firmado y dado la cara. Y el oficialismo se ofusca porque sabe que no somos 27. Los ciudadanos conscientes reconocen que hemos puesto el dedo sobre la llaga del poder que irresponsablemente empuja la nación sobre el filo de la navaja.
El Manifiesto deja constancia firme de los tiempos que vivimos, exhorta a encontrar el sentido común y abrazarlo como un salvavidas durante la tormenta. Sí, así de mal andamos bajo un régimen depredador, de oídos sordos, que ignora la vida cotidiana desde los pequeños detalles hasta los grandes temas y que ha llegado a creerse su propio cuento.
Sumemos las buenas voluntades. Nicaragua merece lo mejor porque tiene hijos que la aman y juntos podemos lograr vivir en paz, prosperar en libertad y democracia, sin dictadores, bajo el imperio de la ley. Aún estamos a tiempo.
El autor es periodista, con posgrado en Mercadeo y Publicidad.