Es difícil ser indiferente al juego del Barcelona, aún para los madridistas. A su habilidad para tocar y desmarcarse, el equipo ha agregado mayor velocidad en sus transiciones y profundidad en su ataque, con el contragolpe como última adición.
De ahí que luzca como una máquina perfectamente engrasada, capaz de deslumbrar con su juego, mientras mantiene a salvo el resultado, al extremo de no perder en sus últimos 39 partidos y con oportunidad de atrapar todo galardón en disputa.
A ese Barcelona, que comanda la liga con diez puntos de ventaja, se enfrentará hoy en el Camp Nou, el Real Madrid, que mantiene la mirada en la Champions como última esperanza, en una campaña en la que corre el riesgo de acabar sin nada.
Pero un clásico, es un clásico. Siempre hay mucho en juego. Desde el orgullo, hasta el honor, pasando por la imagen y autoestima. Además el Madrid desea desquitarse tras la paliza 4-0 recibida en noviembre pasado en el Bernabéu con Benítez al timón.
Hay que agregar además, que la muerte de l exastro del futbol Johan Cruyff, pilar en el que se asienta el estilo del Barsa, ha agregado un toque adicional de carácter simbólico al partido. El Barcelona desea jugar bien, y por supuesto ganar, para Cruyff.
Del otro lado está el Real Madrid, que, presa de su irregularidad, lucha por recapturar el brillo que lo llevó a la cumbre en el pasado reciente y lo volvió una referencia. La misión no es sencilla y pese al favoritismo del Barsa, pretende plantarle cara hoy.
Además, Zidane intenta revertir la racha que cubrió a sus tres antecesores en el banquillo blanco, quienes tropezaron en su primer clásico, pero eso no es sencillo.