ÁRBOLES DE LA VIDA
No sé si hay otro país en el mundo donde el crecimiento de bosques de árboles de lata sea directamente proporcional a la desforestación de sus árboles naturales. Es más, dudo que haya otro país en el mundo donde se siembre arboles de metal como aquí en Nicaragua. Y más extraño es todavía que a los “árboles” estériles, que solo consumen recursos que tanta falta hacen, les llamen “árboles de la vida” mientras los que producen agua, frutos, sombra y aire limpio, salen en camionadas, muertos. ¡Qué locura!
RADICALES
No soy experto en bosques ni en plagas pero el sentido común me dice que eso de arrasar con las poblaciones de pino infestadas para acabar con el gorgojo descortezador es tan radical como quemar una casa porque tiene garrapatas o volarse la cabeza porque se padece de migraña. ¿Cómo creerles que esa es la solución si en todo estos años en lugar de recuperarse, los pinares van desapareciendo, y lo madereros están haciendo mucho dinero con ello? Si el paciente no mejora, y el doctor se enriquece, tal vez haya que cambiar de doctor. O medicina.
MULTAS Y ACCIDENTES
Es que cuando el encargado de remediar una desgracia hace dinero con ella, difícilmente va a buscar otra solución donde pierda el negocio. Fíjese nomás en la Policía. A estas alturas ya ha quedado demostrado que no es con multas masivas que se va a detener la ola de accidentes que viene creciendo en el país. Sin embargo, no va a dejar de multar porque ya le sintió gusto. Se volvió negocio. Y seguirán ellos diciendo que lo hacen para combatir la accidentalidad aunque las estadísticas los desmientan: crecen los accidentes y crecen las recaudaciones de la Policía.
PETRÓLEO
Mire si subestiman nuestra inteligencia. Cuando el petróleo bajaba a ritmo de vértigo, decían que los combustibles no podían bajar de la misma manera porque “el petróleo no incide mucho en el precio de los combustibles”, pero cuando el petróleo sube un poco nos recetan tremenda alza en los combustibles, precisamente “¡porque el petróleo subió!”
DANIEL ORTEGA
Un comentario común de los simpatizantes del gobierno a esta columna, es ¿por qué siempre se habla mal de Daniel Ortega y no se le reconocen las cosas buenas que hace? Y uno revisa y es cierto, tantas cosas malas se señalan aquí, y casi siempre aparece en ellas Daniel Ortega o alguien de los suyos. Y claro que habrá una que otra cosa buena que decir del gobierno de Ortega. Pero siempre, después del debido momento de reflexión, llego a estas tres conclusiones: uno, igual me dijeron con Arnoldo Alemán y Enrique Bolaños, en sus respectivos tiempos; dos, mal haríamos los pocos medios independientes en dejar de decir lo que calla el concierto laudatorio de los medios oficialistas sobre el actuar del gobierno; y tres, por donde se toque, sale Daniel Ortega: el es jefe de gobierno, jefe del Ejercito, jefe de la Policía, director de fraudes en el Consejo Supremo Electoral, gran jefe judicial, empresario petrolero, empresario maderero, aliado del Cosep, director de las alcaldías, creador de partidos zancudos y muchas cosas más.
EQUILIBRIO
Otra cosa: los que más critican que algunos medios de comunicación nunca dicen nada bueno del gobierno son los mismos que jamás reclaman por los muchos medios que nunca dicen nada malo de ese mismo gobierno. ¿Entonces?
OMNIPRESENTE
El más aburrido de hablar sobre Daniel Ortega soy yo. Ya quisiera poder hablar de “la fiesta cívica electoral” y no de fraudes y golpizas. Yo quisiera decir que Ortega ganó limpiamente las elecciones, pero ¿cómo hacerlo sin datos en la página del Consejo Supremo Electoral que lo demuestren? Yo quisiera exigirle al gobierno que pare el robo que nos hacen las petroleras y distribuidores de combustibles, pero ¿cómo hacerlo si Daniel Ortega es gobierno, petrolera y distribuidora a la vez? ¿Cómo pedirle a Ortega que como gobierno pare la rapiña maderera si él es también el dueño de Alba Forestal? Yo quisiera ya dejar de hablar de Daniel Ortega, criticar a otros presidentes, pero el problema es que Daniel Ortega se reelige como solo Somoza lo había hecho y está ahí haciendo de las suyas en muchas cosas y por mucho tiempo. El problema no es que yo hable de Daniel Ortega, el problema es que Daniel Ortega de tanto de qué hablar.