Iván de Jesús Pereira

Viernes Santo en León

De todos los días que componen la semana mayor, el Viernes Santos en León es algo especial. Si queréis ver crucifixiones, empaparte en los misterios de la Pasión, retrotraer el tiempo y vivir el misterio de la vida colonial con sus procesiones, viacrucis, representaciones, imágenes que toman el centro de la atención de los creyentes, para ir formando ese hermoso teatro que es el arte barroco, venid a León.

Hay tantas procesiones y cosas que ver ese día en la vieja metrópoli, que sería casi imposible poderlas relatar en este espacio del periódico. Me concretizaré a hablar de las más famosas y de los hechos más relevantes para que sirva de guía.

Hablemos de los Nazarenos: El viacrucis por excelencia, es el de San Felipe, esta mañana no viene el Nazareno más bello e impactante de esa parroquia, el Señor del Consuelo, que sale el Lunes Santo en su emblemática procesión de La Reseña. El anda la ocupa el Nazareno más antiguo, que sale en toda la Cuaresma. Viene con olor a simarra, flor de corozo, y guirnaldas de sacuanjoche.

Viene acompañado de María la madre de Jesús, la Magdalena, la Verónica, Juan, el discípulo amado y por supuesto San Felipe, el patrono de la localidad. Todas estas imágenes vinieron de Guatemala vía El Realejo, en el siglo XVIII y las trajo monseñor Gordiano Carranza.

A las 8:00 de la mañana, en el barrio El Laborío, (indios libres) sale un Nazareno que es algo especial, su autoría se le atribuye a un artista del barrio, esta imagen es la misma que saldrá vendada en la noche del Jueves Santos y que constituye la famosa Procesión del Silencio, que en tiempos de la colonia se realizaba a la medianoche, arrastraba a través de las calzadas piedras de la ciudad cadenas que hacía temblar a la gente e iba acompañado de antorchas que portaban esclavos. La imagen es bellísima, se dice que al terminar de esculpirla el artesano la quedó mirando con toda su pasión, y de súbito la imagen le habló y le dijo: “¿Dónde me viste que me hiciste tan perfecto?” Cayendo muerto al instante.

A las 11:00 de esa misma mañana hay que trasladarse a San Francisco. La Orden Franciscana Seglar desde el inicio de la Cuaresma empieza a preparar este evento, rezando la vía-sacra en la madrugada y en las tardes. Su ministro Juan Miguel Téllez está pletórico de alegría. El Nazareno que encabeza la procesión solo sale ese día. “El Señor de las Agostías”, imagen de talla completa de origen español. A la usanza franciscana su vestido es sencillo, lleva manto rojo quemado, pero la corona que ciñe es una verdadera pieza de arte, de pura plata, reliquia colonial, que porta los sellos reales para garantizar su alto valor. Este viacrucis originalmente es el de la Parroquia del Sagrario (Catedral) salía de San Francisco a Catedral ya que la actual iglesia del Calvario no había sido construida, fue hasta que ese hecho acaeció, que la procesión se extendió hasta esa parroquia. Se le conoce como el Viacrucis de Penitencia, debido a lo intenso del calor de la mañana leonesa.

A las 12:00 del día, la cita debe ser en la iglesia de San Juan de Dios. Ahí hay que ver al Señor de los Milagros recién restaurado y que viene en el anda más grande que posee la ciudad, compuesta por unos 70 cargadores. Una maravilla de escultura. Va lento, muy lento recorriendo las calles de su parroquia.

Se nos viene la tarde y hay que trasladarse a Sutiaba para admirar las alfombras pasionarias de “aserrín teñido en diferentes colores, creando sorprendentes imágenes producto de la religiosidad popular”. De la alfombra se ha pasado a la escenografía y este año se presentará el drama “Y fue azotado”, cuyo actor principal será el joven estudiante de odontología Silvio Ramírez Manzanares en el papel de Jesucristo. Todo esto hay que verlo, por eso les digo: “¡Venid a León el Viernes Santo!”

El autor es abogado leonés.

Opinión Semana Santa Viernes Santo archivo

COMENTARIOS

  1. Ramona
    Hace 10 años

    León puede ser abatido pero nunca vencido.

  2. LB Montoya
    Hace 10 años

    Bellas celebraciones por Semana Santa en mi León querido.
    Gracias al Dr. Iván de Jesús Pereira. Hermoso relato.

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