Analizando con el Consejo de Coordinadores de La Ciudad de Dios las cartas recibidas de ustedes —mis lectores— sobre mis Reflexiones publicadas en este Diario desde abril del 2015, encontramos en ellas algunos tópicos de mayor interés para ustedes, y algunas inquietudes que se repiten durante todos estos meses.
Le agradezco a Dios (porque a pesar de que lejos está de mí escribir con ánimo de obtener reconocimientos y menos alabanzas) todas las cartas recibidas manifestaban haber resultado de alguna ayuda, y me animaban a seguir escribiendo (aunque muchos piden una mayor ampliación de los tópicos tratados), con excepción de una que otra de evangélicos que estaban más interesados en hacer proselitismo de sus desavenencias teológicas con los católicos, que en buscar puntos de coincidencia para la predicación del Evangelio y la unión de todos los cristianos.
En las cartas recibidas, las problemáticas más frecuentemente eran: 1. las matrimoniales; 2. necesidad de mayor sabiduría para conocer la voluntad de Dios en casos específicos; 3. recibir mayor conocimiento de cómo manejar los problemas de los adolescentes y jóvenes; 4. sobre el relativismo y la tolerancia; 5. la crisis del cristianismo, especialmente del catolicismo; 6. interés por conocer más sobre la comunidad La Ciudad de Dios.
El conocer los mayores intereses de mis lectores que se animaron a escribirme nos llevó a decidir priorizar en las próximas semanas sobre esos tópicos, y en forma más amplia, dejando los que tenía previamente programados para después.
El primer tema que deseo abordar en las próximas semanas es el del matrimonio cristiano, pero debido a que muchos están interesados en conocer sobre La Ciudad de Dios (de la que nos referiremos ampliamente más adelante) y que muy pronto impartiremos un retiro cristocéntrico, sobre el cristianismo, y la vida comunitaria, a los que tengan algún interés en participar en él, les ruego me lo hagan saber por email y yo les enviaré material para que conozcan más a fondo sobre el retiro, ayudándoles en su decisión de asistir a él o no.
Regresando al tema del matrimonio, creo que debemos comenzar reconociendo que todos los matrimonios tienen problemas. Mientras no aceptemos esta gran verdad tendremos más problemas todavía, porque un matrimonio de éxito, no es un matrimonio sin problemas, puesto que ese no existe, sino que un matrimonio de éxito es un matrimonio en donde los cónyuges han aprendido a resolver sus dificultades. Y la llave para resolverlos es precisamente la comunicación entre los esposos.
Creo que nuestros matrimonios empezaron a mejorar el día en que realmente admitimos tener problemas. Nos habíamos esmerado tanto en esconder, disimular, aparentar, que incluso nosotros mismos llegamos a creernos la historia del matrimonio feliz. Pero nuestros problemas empezaron de verdad a resolverse cuando empezó una comunicación entre nosotros.
La comunicación es una manera de amar; una manera de decir “te quiero”. Es casi imposible amar con eficacia y ser un apoyo y sostén de nuestra mujer o de nuestros esposos, o de nuestros hijos, si no nos comunicamos con ellos de una manera estable y frecuente. Muchos de nuestros problemas matrimoniales empezaron porque un día pensamos que las personas o las circunstancias no cambian. Pero cambiaron y no nos dimos cuenta. Teníamos nuevas necesidades, o nuevas aspiraciones, o nuevas circunstancias, o nuevas inseguridades, o nuevos hábitos, o nuevas amistades y aun nuevos sentimientos, o nuevas convicciones… la lista es interminable… y el otro no se dio cuenta.
En el siguiente artículo estaremos ampliando sobre la comunicación en el matrimonio.
EL AUTOR ES MIEMBRO DEL CONSEJO DE COORDINADORES DE LA CIUDAD DE DIOS
[email protected]