No admiraba el esplendor del mundo, ni veía sus miserias. Pero la ceguedad no era su condena. Recibió mucho amor. Los suyos se lo dieron y ella, entre los fieles, lo prodigó y predicó. Cadenciosa fue su voz. Cristo: el centro de su vida y pensamiento. Hablo del fondo transparente de un alma pura, hija de matrimonio amigo: María del Carmen Cuadra Estupiñán. Que desde su celeste morada pida por nosotros: mortales atemorizados, aterrorizados por la inevitable ceniza en que nos convertiremos. Se lo ruego.
Ruego a una virgen
No admiraba el esplendor del mundo, ni veía sus miserias. Pero la ceguedad no era su condena. Recibió mucho amor. Los suyos se lo dieron y ella, entre los fieles, lo prodigó y predicó. Cadenciosa fue su voz. Cristo: el centro de su vida y pensamiento.