La destrucción deliberada del patrimonio cultural debe considerarse como una violación de los derechos humanos, dijo hoy la relatora de Naciones Unidas para los derechos culturales, Karima Bennoune.
«El patrimonio cultural concierne a todos los derechos humanos por lo que su destrucción deliberada es una violación de los mismos», declaró.
Añadió que, «no se puede separar el patrimonio cultural de la propia gente y sus derechos» porque «no solo son objetos, sino que son objetos con los que la gente tiene una larga relación».
A su juicio, el patrimonio cultural es necesario para la dignidad humana y para el correcto desarrollo de una serie de derechos humanos, como la libertad de expresión, de pensamiento, de culto y religión.
También está relacionado con la libertad de aquellos que deciden ganarse la vida con actividades turísticas.
Bennoune señaló que la destrucción de los objetos no se produce de manera aislada, sino que suele estar acompañada de otros delitos graves contra la dignidad humana y los derechos humanos.
«Hombres y mujeres han puesto sus vidas en peligro para defender la historia de la humanidad. Debemos continuar su trabajo, que se recuerde sus nombres y que se ayude a sus familias, a sus colegas y que se proteja lo que salvaron», dijo la relatora.
En este sentido, Bennoune lamentó que ninguna organización mantenga un registro de las víctimas de los ataques contra el patrimonio cultural, como la del arqueólogo sirio Khaled al-Asaad, quien murió defendiendo las ruinas de Palmira, destruidas por el grupo terrorista Estado Islámico (EI) en agosto de 2015.
Asimismo, expresó su malestar por «la nueva imagen de un problema histórico» en referencia a los vídeos propagandísticos del EI, donde se observa la destrucción de monumentos y piezas artísticas.
«Tenemos que ser cautos con el uso de las imágenes para no darles la publicidad que buscan», declaró.
Por otro lado, la relatora subrayó la importancia de la acción de los Estados para atajar este problema y de la responsabilidad penal de los responsables para «acabar con la impunidad».
«Espero que en el futuro veamos más casos como el actual proceso de la Corte Penal Internacional contra la destrucción de patrimonio en Tombuctú (Mali)», dijo.
Este caso ha servido de precedente, ya que se trata de la primera acusación por crímenes de guerra relacionados con la destrucción de obras catalogadas como patrimonio de la humanidad.
«La comunidad internacional ha fracasado durante mucho tiempo en atajar la destrucción del patrimonio cultural como un problema de derechos humanos. Si queremos tener éxito en defenderlo de futuros ataques esto debe cambiar. Debemos reaccionar con urgencia y mirar a largo plazo», concluyó.