Los datos que ofrecen las encuestas sobre la gran popularidad de Daniel Ortega y la aceptación de su gobierno, son impresionantes.
Las encuestas no solo sitúan a Ortega como un personaje que goza de una abrumadora simpatía popular y es considerado como un excelente gobernante en Nicaragua, sino que también lo ubican como el presidente con la mayor aprobación en toda la América Latina y el Caribe.
Este fenómeno, de la popularidad de Ortega, es algo que solo ocurre en países totalitarios, como Corea del Norte, China, Vietnam, Zimbabwe y Cuba, entre otros. En ellos no se permiten encuestas ordinarias, pero la gente va a unas votaciones en las que los líderes del país y del partido obtienen hasta 99 por ciento de aceptación popular.
Sin embargo Nicaragua no es un país exactamente totalitario. Daniel Ortega gobierna utilizando algunos procedimientos característicos del totalitarismo, pero la gente todavía puede opinar libremente. ¿Por qué entonces ese abrumador respaldo al gobernante?
La explicación, dicen expertos en opinión pública, es que la gente tiene miedo. Y es cierto, hasta las personas que dan declaraciones a medios independientes o escriben en las páginas de opinión de LA PRENSA, se sienten amenazadas por las instituciones gubernamentales o las estructuras del “poder ciudadano”. De manera que en las encuestas, en lo que se refiere a respuestas de tipo político, los encuestados no dan a conocer su verdadera opinión por temor a correr riesgos de cualquier clase. Eso lo demuestran, dicen los expertos, las contradicciones flagrantes que hay en las mismas encuestas.
Por ejemplo, la gran mayoría de los encuestados dice estar satisfecha y hasta feliz con el régimen de Daniel Ortega. Pero al mismo tiempo, centenares de miles de nicaragüenses se han ido o se van del país en busca de un mejor lugar para trabajar y vivir. Las interminables filas en los consulados de Costa Rica y la enorme cantidad de nicaragüenses que de cualquier modo se van a Panamá, Estados Unidos y España, no sostienen el dato de las encuestas de que la gran mayoría está contenta con el gobierno de Ortega. Esos muchos nicaragüenses, al irse definitivamente o para trabajar temporalmente en el extranjero, son ciudadanos que “votan con los pies” contra Daniel Ortega y su régimen autoritario.
En Estados Unidos fue creado el concepto “votar con los pies” (lo hizo el economista Charles Tiebout en 1956), en referencia a aquellas personas que se desplazan dentro de ese país grande y complejo hacia lugares donde los impuestos y las políticas sociales son más favorables para ellas. A partir de allí, y desde entonces, se ha llamado también “votantes con los pies” a quienes se van de cualquier país de manera temporal o definitiva, pues así están votando contra la situación prevaleciente en sus patrias y los que detentan el poder.
De modo que cada nicaragüense que se va al extranjero por razones económicas, o porque le asfixia el sistema político autoritario y demagógico imperante en el país, es un ciudadano que vota con los pies. Pero si lo encuestaran seguramente diría que le gusta mucho el gobierno de Daniel Ortega y de su esposa cogobernante.