Si algo ya calentó los motores en este año electoral que recién empieza, esto ha sido la actuación de la bancada del Partido Liberal Independiente (PLI) en la Asamblea Nacional el pasado 9 de enero, fecha en que se inaugura una nueva legislatura, iniciando como es costumbre con la designación de su junta directiva. De los siete miembros correspondieron cinco a la bancada gobiernista, uno al PLI y el otro a su más reciente adquisición, el diputado Wilfredo Navarro.
La actuación de la bancada de los liberales independientes en esa elección es lo que tiene estupefactos a unos, gozando a otros y por supuesto más que satisfecho al ejecutivo.
Por el contrario la prensa nacional y sobre todo el periodismo democrático, no salen de su asombro preguntándose qué pudo haber impulsado a uno de sus diputados a deshacerse en elogios al secundar la moción que proponía a la presidencia a René Núñez, para posteriormente votar de forma unánime por su postulación. Lo mismo hicieron cuando le tocó el turno a Wilfredo Navarro quien ha sido un verdugo de esa bancada durante todo este tiempo y que hoy viste el rosado chicha sin rubor alguno.
Todo, según los politólogos, para que pudiera repetir como segunda vicepresidenta la diputada María Eugenia Sequeira de Vallejos.
Decir públicamente que Núñez es el mejor presidente de la Asamblea, olvidando su actuación en la ley del Canal, su oposición a interpelar a cuanto funcionario público han querido llevar a ese hemiciclo, así como pasar por alto las reiteradas arbitrariedades que ha cometido en el uso de sus funciones, es como lamer el látigo que te castiga y que sabes que continuará haciéndolo.
La pregunta del millón es: ¿qué hay detrás de esta actuación? ¿Qué cuenta se está pagando o qué beneficio se espera conseguir? La falta de una respuesta coherente a estas y otras interrogantes es lo que da título a este artículo.
Hace mucho tiempo escuché decir a alguien que a los políticos se les debe calificar por lo que hacen y no por lo que dicen, algo que me parece totalmente coherente. Las declaraciones del diputado Alberto Lacayo de que a veces hay que tragarse un sapo para lograr algo o la confesión de la hoy segunda vicepresidenta, de que en política las cosas son así y hay que entenderlas, no satisfacen en lo más mínimo la inquietud de un gran segmento de nuestro pueblo que a diario padece las arbitrariedades de este
Gobierno y que continúa a la espera de una oposición verdadera, no acomodaticia y mucho menos colaboracionista. Por el momento la actuación de los Bapli en la Asamblea le permitirá al Gobierno seguir exhibiéndose como un gobierno republicano, cuando en realidad son un gobierno de compadres, como muy bien lo calificó el politólogo José Pallais.
Al momento de escribir este artículo, la coalición encabezada por el PLI no termina de encontrar un candidato a la Presidencia de su agrado, ya que la posición de don Fabio Gadea de no postularse si no hay cambios en el Consejo Supremo Electoral (CSE) y no hay una supervisión internacional creíble, lo descalifican por completo para repetir como candidato de esa coalición, ya que hasta donde yo sé —y crucifíquenme si me equivoco—, dicha alianza correrá en estas elecciones sin importar las condiciones, pues como dicen ellos: la política es así y hay que entenderla.
El autor es analista político