A propósito de las elecciones presidenciales que se realizarán el primer domingo de noviembre de este año, el diputado ante el Parlamento Centroamericano (Parlacen), Mauricio Díaz, recordó los Acuerdos de Paz contenidos en Esquipulas II, firmados hace casi treinta años por los gobernantes de Centroamérica.
Esos acuerdos que también los firmó el actual presidente inconstitucional Daniel Ortega, comprometen a los países a trabajar por el desarrollo de la paz y la democracia.
Pero en el actual contexto Díaz afirma que “el Gobierno de Nicaragua es el único en Centroamérica y el único en América Latina que no permite elecciones libres”.
Ante eso, Díaz se pregunta ahora ¿qué ha pasado en Nicaragua? La respuesta que reflexiona es que “las ambiciones de poder, la corrupción, el mesianismo, las satrapías, el desprecio al pueblo nicaragüense, se han instalado en la Patria de Darío y Sandino frustrando las grandes metas de una verdadera reconciliación nacional y un efectivo Estado de Derecho”.
El Consejo Supremo Electoral (CSE) es una de las instituciones más cuestionadas del país por las constantes irregularidades que han caracterizado a las elecciones desde los comicios municipales de 2008 y por su notable parcialización con el gobierno de Ortega.
Organizaciones nacionales e internacionales de observación electoral han restado credibilidad a los resultados electorales, por el sinnúmero de irregularidades en los procesos, mientras los magistrados del CSE son indiferentes a las denuncias de políticos, afectados y sociedad civil.