Los sorprendentes resultados conseguidos por la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), en las elecciones parlamentarias del pasado 6 de noviembre en Venezuela, tienen eufórica a la oposición nicaragüense. 112 diputados de una asamblea de 167, le da a la MUD el poder de acortar el periodo presidencial de Nicolás Maduro y llamar a elecciones que nadie duda ganarían de calle. Pero la intención de este artículo no es elucubrar sobre las posibles acciones a tomar por esa nueva mayoría parlamentaria en la patria de Bolívar, sino más bien llamar la atención sobre nuestra oposición y sus reales posibilidades de emular el triunfo obtenido por las oposiciones tanto de Argentina como de Venezuela, quienes acaban de lograr impresionantes triunfos sobre gobiernos que arropados en un populismo mentiroso, son en realidad responsables de una obscena corrupción que ha empobrecido a sus pueblos.
El primer reto de nuestra oposición, es el relevo de algunos líderes que amparados en el control que mantienen sobre sus partidos, disponen para su beneficio y el de sus protegidos de las mejores posiciones de elección. Esta práctica más el maridaje que mantienen a espaldas del pueblo con el gobierno, han impedido hasta hoy la conformación de una unidad ganadora. Una vez superado esto, el segundo reto es homogeneizar el reclamo de unas elecciones supervigiladas por organismos internacionales de reconocido prestigio.
En escritos anteriores he insistido en la necesidad de identificar liderazgos no comprometidos y cuyas hojas de vida sean inspiración para esa inmensa mayoría que añora la democracia perdida, y que está más que dispuesta a dar su apoyo a ese hombre o mujer que inspire confianza y en consecuencia sea digno de los sacrificios que haya que hacer para defender el voto depositado. Actualmente existe en el ambiente político nacional, la posibilidad de un ejercicio de elección primaria para identificar a la o las personas que entusiasmen a nuestro pueblo y le den su voto de confianza, desgraciadamente esta iniciativa además de no contar con la anuencia de los “líderes” a los que me referí antes, no terminan de exponer en detalle los pormenores de su iniciativa. En consecuencia a la fecha hay más incógnitas y preguntas que repuestas alrededor de esa iniciativa.
En pocas palabras, a la pregunta de si la actual oposición está estructurada y preparada para enfrentar el reto de vencer al aparato orteguista en las próximas elecciones, mi repuesta es un rotundo no. Si me preguntan que si una eventual alianza entre los partidos políticos que controlan los responsables de haber contribuido a la pérdida de la democracia que tanta sangre nos costó, es la solución, mi repuesta vuelve a ser no.
A diferencia de las religiones que son indulgentes con sus feligreses, ya que si se peca y se reza desaparece el pecado, en política los errores se pagan y los pueblos los cobran caros porque los pagan caros. En consecuencia hasta que no haya un efectivo relevo, el pueblo le seguirá dando la espalda a los iluminados y saltimbanquis opositores. Los que en verdad con sus actuaciones le hacen el favor al gobierno de allanarles el camino del fraude y por ende contribuyen a prologar el sufrimiento de nuestro pueblo.
Pero si los argentinos y los venezolanos lo lograron de la mano de nuevos liderazgos, nosotros también lo haremos y eso desde ya tiene en desvelo a la actual dictadura.
El autor es analista político.