Llevo aquí poco más de dos meses, pero ya he podido apreciar el papel que juegan las mujeres en la vida empresarial, política y social de Nicaragua. Creo que nuestros dos países comparten la filosofía que la mujer debe tener un papel equitativo en las decisiones que se toman en su casa, en su comunidad y en el país. Sin embargo, en todo el mundo, y nuestros países no son la excepción, hay muchas vulnerabilidades y retos aún.
En algunos países la violencia contra la mujer es una verdadera epidemia. Se estima que globalmente una de cada tres mujeres puede ser víctima de abuso sexual o físico. La violencia y el miedo tienen una poderosa influencia en la vida de las mujeres, restringiendo sus posibilidades de integrarse plenamente a las distintas esferas de desarrollo. Adicionalmente a los riesgos que una mujer enfrenta como el femicidio o violación, puede sufrir de falta de acceso a una educación, a crédito, a un puesto de trabajo o a ser electa. Nuestra meta conjunta no es solo lograr que las mujeres sobrevivan, sino que puedan desarrollar todo su potencial como seres humanos.
La resolución 54/134 de las Naciones Unidas reconoce que los derechos humanos de la mujer y de la niña “son una parte inalienable, integral e indivisible de los derechos humanos universales”. Como tal, debemos aceptar que el derecho a la libertad de expresión, a la participación política, a la libertad económica y a todos los derechos generalmente aceptados en la Declaración Universal de Derechos Humanos aplican igualmente a las mujeres.
Los Estados Unidos se une a los 16 días de activismo entre el Día de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, que se celebra el 25 de noviembre, y el Día de los Derechos Humanos, que se celebra el 10 de diciembre. Aunque queda mucho camino por recorrer, mi país enfoca sus esfuerzos en lograr la integración de la niña y la mujer a todas las esferas, tanto nacionalmente como mediante su ayuda internacional.
Aquí en Nicaragua solo este año ayudamos a que más de tres mil niñas tuvieran acceso igualitario a primaria y secundaria y a que al menos quinientas jóvenes accedieran a cursos vocacionales o cursos técnicos. Ayudamos a que mujeres productoras obtuvieran mejores prácticas de producción que mejoraran sus rendimientos, consiguiendo así mayores ingresos. Apoyamos a que jóvenes, tanto hombres y mujeres, puedan incidir en la toma de decisiones en sus comunidades y gobiernos locales y a que participen en la búsqueda de soluciones a temas de seguridad ciudadana. Cada uno de nuestros programas considera el tema de género como primordial para garantizar que niñas y mujeres tengan igual acceso a las herramientas y posibilidades que ofrecemos.
Lograr la eliminación de la violencia de género y reconocer los derechos humanos universales como derechos de la mujer es una tarea para todos. Urge acercarse a alguna organización que trabaja temas de violencia contra la mujer si se siente que está en riesgo. Igualmente si se sabe de alguien en la familia o en la comunidad que podría estar sufriendo los efectos de violencia, hay que hablarlo abiertamente y llamar la atención de las autoridades y organizaciones pertinentes.
Nuestras acciones pueden determinar si una mujer sigue siendo una víctima más o se convierte en una parte integral de nuestras comunidades.
La autora es embajadora de los Estados Unidos de América en Nicaragua.