Después de noventa minutos de un intenso oleaje frente a Cuba, los jugadores nicas parecían sedientos de más futbol. El silbato obligó a parar, pero el voltaje seguía alto.
A Cuba no lo vimos. Y no porque no tengan talento o carezcan de oficio. Es que Nicaragua no lo dejó hacer nada. Le robó el balón, el campo y hasta el aliento.
Nicaragua ofreció una exhibición formidable, redonda, ante un equipo de buen despliegue físico y rápido, pero que fue despojado de su inspiración y su iniciativa.
Para la velocidad de Elvis Pinell y Carlos Chavarría, la picardía de Marlon López y Raúl Leguías y el criterio de Juan Barrera, los antillanos no tuvieron antídoto.
Nicaragua fue ostensiblemente superior, gracias a su buen futbol, a su creatividad y a su capacidad para definir. Había para más, pero tras cinco goles, no hay queja.
Pero más allá del resultado lo más alentador es que los muchachos siguen con hambre. No los amilanó el estar fuera de la eliminatoria. Solo desean jugar bien.
Y al menos el domingo, lo consiguieron ante Cuba, lo que confirma el cambio de mentalidad que experimentan. Estos muchachos no se conforman. Desean más.
Fueron equilibrados. Firmes atrás y agresivos al frente, con buen toque de balón y precisos al elaborar. Hubo, incluso, pinceladas fantásticas en ciertas jugadas.
Y solo que Cuba se transforme en algo parecido a un buen equipo, los nicas deben volver a tronar el viernes. Lo de los nicas no es casual. Hay consistencia en su juego.
Todo esto es alentador para cerrar el año, pero mejor todavía, para enfrentar a los vecinos Costa Rica y Honduras en los próximos días.